Jorge Kent y Marta Poveda, durante uno de los ensayos de «El idiota»
Jorge Kent y Marta Poveda, durante uno de los ensayos de «El idiota» - David Ruano

«El idiota», en el alma de Dostoievski

Gerardo Vera dirige en el María Guerrero una adaptación de José Luis Collado de la novela del autor ruso

MadridActualizado:

No es necesario que Gerardo Vera diga que hay algo en Fiódor Dostoievski que le fascina y le conecta con él «de manera muy íntima». Si no fuera así, no hubiera puesto en pie, hace cuatro años, «Los hermanos Karamazov» ni, mucho menos, hubiera vuelto a él para «El idiota», un montaje que se estrena el miércoles 20 en el teatro María Guerrero, dentro de la programación del Centro Dramático Nacional. Cuenta nuevamente con la adaptación de José Luis Collado y un reparto -en el que repiten varios de los actores- que conforman Alejandro Chaparro, Fernando Gil, Ricardo Joven, Jorge Kent, Vicky Luengo, Marta Poveda, Fernando Sainz de la Maza, Yolanda Ulloa y Abel Vitón.

«“Los hermanos Karamazov” -dice el director- es una novela descomunal y me quedé con las ganas de hacer un montaje más esencial, porque la primera vez que te enfrentas con un autor es tal la cantidad de información y de emociones que recibes que apenas se tiene tiempo, en seis semanas de ensayos, de entender y dilucidar toda su complejidad». Es es una de las razones que empujaron a Gerardo Vera a volver sobre el autor ruso, al que lee, recuerda, desde la adolescencia. Ya entonces le deslumbró el personaje protagonista de «El idiota», el Príncipe Myshkin. «“El idiota” tiene todo el ideario de Dostoeivski; encuentras trazos de todos sus personajes importantes... Es como si entraras en el alma de Dostoievski, como si te zambulleras en él». No ha sido necesario, añade, «traducirlo» demasiado para acercarlo al público de hoy. «Nunca hay que hacerlo; la mirada contemporánea la ha de poner el director».

Tras haber superado una peligrosa dolencia, Gerardo Vera afronta este montaje «con más libertad que nunca». A estas alturas, dice, «solo hago espectáculos que me lleguen muy dentro, porque sé que es la única manera de que yo consiga conmover al espectador. Ya no hago nada por oficio ni por encargo. Ya tengo una voz propia en el panorama teatral español, no tengo nada que demostrar. Nunca he sido más libre ni me he sentido con tanta capacidad de imaginar y de inventar como en los ensayos de “El idiota”».

El CDN presenta estos días a dos autores rusos: Chéjov y Dostoievski. ¿Qué tienen en común? «Quizás la profundidad de su reflexión, pero son autores antagónicos. Reconozco muchas cosas de Chéjov en Dostoievski, pero no al revés. Aquél tiene un mundo muy especial, muy privado, extraordinariamente sensible e inteligente, pero no tiene la barbaridad que tiene Dostoievski; la lucha entre el bien y el mal se presenta de manera despiadada, en segundos pasa de la más extrema sensibilidad y luminosidad a la oscuridad, la degradación y la podredumbre. Dostoievski me recuerda más a Quevedo que a Chéjov. En “Sueños”, mi anterior montaje, había dos o tres reflexiones de Quevedo que eran en realidad de Dostoievski. En “El idiota”, sin embargo, sí hay alguna escena montada con una especie de “calma burguesa chejoviana”».

Está claro que Gerardo Vera cree en la idea de Compañía; por ello ha querido contar -además de con el equipo artístico- con varios de los actores que hicieron con él «Los hermanos Karamazov», como Marta Poveda o Fernando Gil. «No solo creo en esa idea, sino que la intento practicar cuando tengo posibilidad, me encantaría poder crear una compañía estable; en cualquier caso me gusta trabajar con gente que me conoce. Entre otras razones porque cinco o seis semanas son muy poco tiempo: la única manera de entender a un actor es tener ya un viaje hecho. Y lo mismo me pasa con Juan Gómez Cornejo (iluminación) o Álvaro Luna (vídeoescena); no les tengo que contar casi nada, leen el texto y ya saben lo que quiero. Eso me da comodidad, pero también una sensación de cercanía y de compromiso, que es algo difícil de encontrar en los actores, que van lógicamente a su aire... Yo soy mucho de mi gente, y quiero serlo cada vez más».