Historia de la cándida fausta

Historia de la cándida fausta

ANTONIO WEINRICHTER
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Siendo uno de los grandes valores de la ficción hispanoamericana, el realismo mágico no tiene un historial demasiado ilustre a la hora de ser trasladado a la pantalla, salvando alguna excepción reciente como «La hamaca paraguaya». Menos rigurosa formalmente, es decir, bastante más asequible, «La teta asustada» recoge o inventa una leyenda suburbana que alude a un hecho histórico terriblemente concreto: la violación de mujeres durante la guerra del terrorismo en Perú. La protagonista Fausta ha heredado de su madre ese miedo cerval al hombre; en su caso se resuelve en una variación menos amenazadora que repelente de la «vagina dentata» que podríamos denominar «vagina patata». La película describe, en palabras de su directora Claudia Llosa, el viaje del miedo a la libertad de Fausta. Y, fiel a la norma del realismo mágico, contrapone dos estratos de cultura diferentes: la de origen campesino, pobre pero entre cuyas posesiones se cuenta el mantenimiento de una tradición apegada a la tierra, y la cultura urbana de la burguesa que emplea a Fausta en su casa y que acaba aprovechándose de uno de sus talentos naturales. Así, sin que lo mágico haga perder nunca de vista el realismo más duro, se engarza el trayecto terapeútico de la humilde Fausta, a la que Magaly Solier sabe llenar de silenciosa dignidad.