El veterano actor argentino Héctor Alterio
El veterano actor argentino Héctor Alterio - EFE

Héctor Alterio: «Me he convertido en un rebelde constante»

El actor argentino se vuelve a subir a las tablas en Santander gracias a las Noches de Teatro con «Como hace 3.000 años», un recital compuesto por una selección de poemas del español León Felipe

SantanderActualizado:

En la mente de Héctor Alterio (Buenos Aires, 1929) se hallan condensados, quizá con una viveza inusual para alguien de su edad, los recuerdos de una vida dedicada a la actuación. Más de 70 años después de que se subiese por primera vez a un escenario, y de que desparramase un mate entero en medio de la actuación, el actor no piensa en el retiro. Solo en seguir haciendo lo que más le gusta: Teatro. Un arte por el que siente una gran devoción, pero que no le ha impedido grabar una larga lista de series y películas para el recuerdo, entre ellas la enternecedora cinta de Juan José Campanella «El hijo de la novia». Obra en la que dio vida al marido de una mujer con alzheimer.

Hoy se vuelve a subir a las tablas en Santander, gracias a las Noches de Teatro organizadas por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), con «Como hace 3.000 años». Un recital en el que Alterio declamará, acompañado por la música de la guitarra de José Luis Merlín, una selección de poemas del español León Felipe. Un autor difícil de clasificar, aunque se suele decir que perteneció a la Generación del 27, y cuya obra el bonaerense califica como «rebelde» y «contradictoria».

¿Cómo nace su interés por la poesía?

Mi interés viene, fundamentalmente en este caso, de León Felipe. Él estaba exiliado en México cuando yo tenía unos 15 años. Durante la guerra civil se refugió allá e iba con frecuencia a Buenos Aires. Con el paso del tiempo fui olvidándolo un poco, pero siempre quedó esa sensación. Algo que recuperé cuando vine España. Fue un redescubrimiento impresionante.

¿Qué le atrajo de su obra?

Su poesía rebelde y contradictoria. Llena de metáforas. Felipe cultivó una obra muy entretenida, concisa y crítica. Para mi es un auténtico placer hacerle un homenaje en estos recitales en directo, que me permiten mejorar de una noche a otra. No como en el cine o la televisión.

¿El redescubrimiento de la poesía de Felipe supuso para usted una especie de vuelta a la juventud?

Evidentemente, además de otras cosas. Su obra me ayuda a rememorar momentos excepcionales. De él me entusiasmaba su aura, su rebeldía contra el sistema franquista, que le obligó a refugiarse en México. Allí tiene estatuas y es recordado mucho más que aquí, donde entró en la categoría de poeta maldito. No se le ha representado de la misma manera que en México, donde le consideran suyo.

¿Se siente identificado con su rebeldía?

Claro.

¿Contra qué se rebela Héctor Alterio?

Me rebelo a diario (se ríe). Abro el periódico y me rebelo. No puedo con las injusticias que ocurren en todas las partes de mundo. Leer las noticias es una cotidianidad que me ha convertido en un rebelde constante.

Después de más de 70 años subido a las tablas, ¿qué significa el teatro para Héctor Alterio?

Algo que he hecho toda la vida. No he hecho otra cosa. También he pasado por la televisión y el cine, que me permitieron viajar y conocer gente. Pero no tiene nada que ver con el teatro, que está vivo y me permite mejorar noche tras noche el trabajo que hago. Algo que es impagable y no cambiaría por nada.

¿Recuerda la primera vez que pisó las tablas?

Fue en torno a 1947, debía de tener unos 16 años por entonces. Fue un desastre. Llevaba un mate en la mano durante la actuación y se me cayó al suelo. Llené todo el escenario de agua. No sabía si limpiar el estropicio o seguir. Fue un debut desastroso. Pero bueno (se ríe), no me perjudicó.

Si tuviese que quedarse con un momento de los que ha vivido en el teatro, ¿cuál sería?

Me quedo con muchos momentos, pero sobre todo me quedo con el teatro, mucho más que con la televisión o con el cine. He vivido muchas cosas preciosas sobre las tablas. Quizá destacaría el silencio, el que un montón de caras te miran con absoluta atención. Es algo conmovedor y, al mismo tiempo, da un poco de miedo.

Supongo que el sentir el calor del público tiene su peso.

El aplauso exterioriza lo que una obra ha hecho sentir al público. Pegarse una mano con la otra. Cada noche que ves las dos manos golpeándose, a veces de 100 personas, otras veces de 200. En una ocasión llegaron a ser 3.000 durante un festival. Son recuerdos realmente gratos. Espero que no se me borren, porque me hacen muy feliz.

¿Ha cambiado en algo el teatro a lo largo de estos 70 años?

En nada. Solo en la época, en las capacidades de los gobiernos (que dan mayor o menor apoyo). Por el resto sigue apareciendo mucha gente talentosa que contribuye a enriquecer al resto. El teatro es algo que, a pesar del paso del tiempo, está vivo. Como siempre.

¿En qué proyectos está trabajando de cara al futuro?

Ahora mismo en nada. Lo anterior fue la obra «El Padre», con la que estuve dos años y disfruté mucho. La hicimos por toda España. Después las propuestas que me han llegado no han terminado de interesarme. Así que me centré a lo que me apetece ahora mismo, que es León Felipe.

Tampoco en el cine.

Tampoco

¿Quién es Héctor Alterio?

Una buena persona. Alguien que es feliz con su mujer, con la que lleva ya 43 años. Con dos hijos, Malena y Ernesto, que son seres extraordinarios y talentosos y que me hacen sentir muy orgulloso. Su compañía me gratifica mucho. Ellos son lo más importante.