Un globo cogido con alfileres

Un globo cogido con alfileres

E. R. M.
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Hou Hsiao-hsien es el director más «francés» del cine chino, y su mirada homenaje a París en esta película tiene la intención de compartir la doble nacionalidad: él filma con «sprit baziniano» la realidad objetiva que rodea a los protagonistas, mientras que una joven estudiante china filma al niño que cuida.

No sólo la nacionalidad es doble: también lo es el homenaje, pues además de a París el director chino homenajea, o al menos produce un reflejo, de un viejo mediometraje de Albert Lamorisse titulado «El globo rojo», un maravilloso e ilusorio viaje en común de un niño y un globo.

Lo que era encanto y magia en Lamorisse se transforma en tedio y pretensión en Hou Hsiao-hsien, con su repertorio de planos secuencias y con toda «la realidad objetiva» cerniéndose sobre los personajes y el espectador. La vida, sí, es una algarabía: ruidos, problemas, teléfonos, obras, vecinos, hijos, ex maridos..., y una esponja audiovisual lo recogería todo a la vez y tal como llega: ¡toma realidad objetiva! Afortunadamente, el ser humano, su ojo, su oído, su cerebro, tiene ciertas habilidades selectivas y sabe convertir ese borbotón de realidad en algo más o menos digerible, entendible. Todo lo que le ocurre a Juliette Binoche, la mamá del niño que sueña con el globo rojo, está sin filtrar, con lo que no nos llega más que como mero bullicio emocional.

Se ve, a pesar del torrente de «realidad objetiva», la incomunicación entre madre e hijo, y entre madre y el resto del mundo. Se intuye algún calor humano entre la confusión y la discusión. Y se ve a un globo rojo juguetear con las emociones de un niño también confuso. El resto es puro interior del globo.