Francis Ford Coppola: «El lema de mi vida es: fracasa hasta lograr el gran éxito»

FEDERICO MARÍN BELLÓN
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La admiración se tiñe de envidia cuando los amigos escuchan que has entrevistado a Halle Berry, Charlize Theron o Eva Mendes. Es una de las mejores recompensas que tiene este decadente oficio, cierto, pero la mitomanía sólo aflora de verdad ante este hombre de aire campechano y con sobrepeso. Es Francis Ford Coppola, con todas las letras, el Padrino del cine.

-Si se hiciera una película sobre su vida, ¿cuál sería el conflicto: las pocas películas que ha podido rodar, la ruina, el éxito...?

-El resumen sería: fracasa a tu manera hasta lograr el gran éxito. Cada película que hice fue un fracaso más grande que el anterior. En cada una yo quería agradar a todos y entonces conseguía un fracaso aún más importante. Al final, después de muchos años, oigo a la gente hablar de las grandes películas que he dirigido. ¡Pero si dijiste que era una película estúpida!, les respondo. ¿Qué significa todo esto? No lo sé. Vive cada época sin pensar en ello.

-¿Es duro ser Coppola en la cinematografía actual? ¿Cómo cree que lo ven los demás?

-Sé que me ven como un viejo que sigue vivo, como una especie de Hemingway aún vivo. Gracias a eso consigo el respeto y la amabilidad de la gente, aunque siempre me recuerdan que mis películas eran mejores antes. Sé que «Tetro» causa una controversia enorme. Sin embargo, en Cannes he vivido el mejor estreno de mi vida. Pero entonces me digo: sí, pero mucha gente odia esta película. Es lo mismo que ocurrió con «Apocalypse now», excepto que esta vez no me han abucheado. Es confuso. Me doy cuenta de que no es problema de la película, sino de mí. Sería una gran noticia que consiguiera un éxito importante, o que lograra otro fracaso. Mi propia actitud es que «Tetro» es una película hermosa, hecha con el corazón y rodada en blanco y negro, fuera de lo que el cine oficial debería hacer. No sé por qué, pero normalmente para mí es algo penoso presentar una película.

-¿Qué es mejor para el artista, la desesperación de la pobreza o la libertad que da el dinero?

-Hemingway decía que un escritor debería tener una infancia infeliz. Yo no podría hacer películas si no fuera rico, porque nadie me daría el dinero necesario. No hago el tipo de cine que esperan. Cada vez amo más el cine independiente. Siento que ya he visto antes casi todo lo que se estrena cada semana. Incluso el último Batman, hecho por un tipo con talento, como Christopher Nolan, no deja de ser una película sobre un tío que vuela y va dentro de un disfraz. No hay críticos que le digan: deja de hacer esto. Si fuera por mí, no lo permitiría. Me preguntan por qué descubro nuevos actores. Es muy simple, porque no puedo permitirme a los conocidos.

-Dijo que de Welles le diferencia que usted es más rico. También se pueden ver paralelismos con Woody Allen, otro autor querido en Europa, capaz de rodar en blanco y negro y con actores españoles. ¿Qué los distingue?

-Él nunca debe preocuparse por el dinero, porque todo el mundo quiere ayudarle. Puede ir de sitio en sitio rodando, sin pedir permiso siquiera. Siento la mayor admiración por él. Escribe sus propias películas, una cada año, y nunca tiene que hacer Spiderman. En muchos sentidos, es el cineasta más importante que tenemos ahora en América.

-¿Qué siente ante las reacciones de gratitud de la gente, o ante las críticas?

-Me llegan muy adentro, porque hay muchos directores a los que si yo tuviera el coraje o la oportunidad les podría decir lo mismo. Creo que no sólo el cine, sino el arte, el gran arte, es un trabajo en el que no se puede imitar a otro, pero uno sí se puede inspirar en otros, como Shakespeare. Pero los críticos son demasiado duros y luego me acusan de ser autoindulgente o pretencioso. Por supuesto. Si lo intentas, si pretendes triunfar, tienes que ser pretencioso. ¿Por qué no son más tolerantes y siempre castigan eso? Ocurre que es más fácil criticar. Muchos viven de la ilusión de que son grandes críticos, pero los grandes críticos te enseñan, te iluminan sobre lo que has hecho mal para que mejores la próxima vez, no tratan de destruirte.

-¿Cuál cree que es su mayor logro? ¿Siente que deja un legado en el lenguaje cinematográfico?

-En algunas cosas creo que he ayudado a innovar. A veces ves cosas de «El Padrino» en otros filmes. Mi herencia ha sido seguir siempre mi camino y aceptar la posibilidad de equivocarme, además de arriesgar mi propio dinero. En algunos casos tuve que hacer otros títulos sólo para pagar mis deudas. Pero no sé qué dejo realmente.

-¿Verdad que Maribel Verdú es una actriz fantástica? ¿No quedaría bien en «El padrino IV»?

-Sí, pero ni siquiera pensé en hacer «El Padrino II», porque la primera termina en sí misma. Nunca vi posible continuar la historia, aunque sí mostrar la del padre y el hijo a la misma edad, y necesitaba el dinero. La idea de hacer secuelas está bien para Spiderman. Siempre hacen la misma película sobre venganza o violencia, porque hoy el mundo está asustado.

-Si repasara su filmografía, ¿qué parte destacaría?

-Mi película favorita, lo crea o no, es «Tetro», porque es realmente hermosa. Escribí yo mismo la historia, como «La conversación». Me gustan otras. Y la única que volvería a rodar es «Corazonada».

-Su obra anterior, «Juventud sin juventud», aún no se ha estrenado en España. ¿Cómo explica ese drama?

-Porque fue un fracaso horroroso, como todas mis películas, aunque es muy bonita. Es diferente. No sabía que no se había estrenado aquí. Yo estaría encantado de presentarla. Exijan que lo hagan. Sólo quieren ganar dinero.