El festivalito de Almodóvar y «Los abrazos rotos»

FEDERICO MARÍN BELLÓN | MADRID
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Cannes se le ha quedado pequeño. Ni siquiera Penélope, con su Oscar debajo del brazo, pudo eclipsar al huracán Almodóvar, que llenó de periodistas y otras subespecies dos salas enormes de Kinépolis sin necesidad de echarles de comer. Con una chaqueta de falso camuflaje y gafas de famoso, Pedro el Grande organizó su propio festivalito para mostrar su decimoséptimo largometraje, una película larga y descompensada, pero también una «declaración de amor al cine» repleta de momentos marcados con su inimitable sello.

Como ya es tradición, la rueda de prensa posterior al pase fue un deseo y no puedo de organización pilotado por el realizador, que enseguida tomó las riendas y empezó a entrevistarse a sí mismo y a sus actores, a quienes por otro lado quitaba la palabra si les caía en suerte media pregunta. El cineasta, que confesó que su cine ha cambiado porque es un reflejo de su vida («En los ochenta era más divertida y coral»), definió su película como una mezcla de «melodrama y cine noir, un género bastardo en el que me estoy especializando».

También justificó sus autocitas: «Mis películas son mi patrimonio económico, emocional, artístico... y forman parte de mi biografía. Hago referencia a «Mujeres al borde de un ataque de nervios» por un sentido práctico. Como los personajes trabajan en el cine, decidí que lo más adecuado era que hicieran comedia para hacer más evidente el drama que vivían. No es un auto-homenaje, sino servirme de algo que puedo manipular sin pedir los derechos».

Pedro Almodóvar reveló que el personaje que hace Lola Dueñas se le ocurrió cuando vio «la boda de nuestros Príncipes. En el momento de mayor intimidad, cuando Doña Letizia movió los labios y en Telecinco alguien los leyó y toda España supo que ella dijo aquello de «Es todo tan hermoso...». Me hizo gracia la frase y la volví a utilizar, pero me pareció un robo». La actriz fue justo la única que no asistió a la presentación: «Creo que está en México rodando alguna obra maestra; no sé cómo se llama», justificó el maestro de ceremonia.

Compasión por el personaje

Penélope habló de ese «rodaje intenso» y de esa Lena «tan diferente» a lo que ella es y a todo lo que ha hecho antes. «De lo poco que compartimos es nuestro amor al cine, pero ella tiene una vida en la que no se puede permitir ni soñar. Es una mujer que yo siempre imaginaba caminando con una nube sobre su cabeza. No es pesimista, pero tiene una herida muy profunda. Sentía compasión por ella», añadió. En el lado contrario, la intérprete encontró «muy divertido» buscar los tres aspectos que presenta su personaje. «Yo quería una Penélope absolutamente inédita», confirma Pedro.

Blanca Portillo, que también repetía con él después de «Volver», aseguró que la experiencia había sido «fascinante». «Hay una cosa muy hermosa y es que todos hemos puesto mucha alma», dijo. «Se han creado vínculos muy fuertes y eso se respira».

La presentación se puso algo más seria cuando Pedro contó que, más o menos como su protagonista, él también sufrió a un productor que pretendía retocar uno de sus títulos. «Me vino con una lista de 18 puntos que yo tenía que cambiar. Me negué. Él dijo que la película era suya y que podía quemar el negativo. Yo le amenacé y le dije que la ley estaba de mi parte. Resistí dos meses. Tuvo que intervenir el distribuidor. No di mi brazo a torcer y la película se estrenó tal cual. Tuvo mucho éxito». En «Los abrazos rotos», lo más complicado fueron «las escenas de sexo o violencia». «Es mejor que se hagan cuanto antes y que no duren demasiado», explicó, «aunque después son las que salen a la primera». Quizá sea porque «el cine es una realidad paralela en la que todos vivimos mejor. La vida es más dura», sentenció.

Cada vez más en su salsa, Almodóvar declaró que se veía a sí mismo como John Huston en «Dublineses», «rodando en silla de ruedas y unido a un catéter». Entretanto, confesó que su vida en Madrid se había «empobrecido», como la de muchos matrimonios que llevan cuarenta años juntos y no se soportan, «pero hay algo, que sigue siendo un misterio». Penélope Cruz confirmó que cada vez le cuesta más salir a la calle a pasear sola y que tiene que renunciar a demasiadas cosas, aunque ambos insistieron en que se sentían muy bien tratados por la gente. A lo que el cineasta respondió que él daría mil euros (seguro que ahora le llueven las ofertas) por encontrarse con cuatro mujeres por la calle «y que me dejen escucharlas durante cinco horas. Cuando trabajaba en Telefónica mi gran escuela era escuchar alrededor. Como no oigo de un oído, a veces se notaba que me giraba un poco».

La vida de Michael Jackson

Almodóvar también contó alguna anécdota de la visita de Madonna a España hace quince años. «La muy choricilla no nos dijo que estaba grabando. Luego sacó aquello de que quería acostarse con Antonio [Banderas], que yo ya sabía, porque me lo había dicho». El caso es que la cantante, que salía a correr «con seis maromos», preguntó al director cómo era posible que él no llevara guardaespaldas. «Como no sea para tirármelos», respondió Pedro con su timidez habitual. Un punto más serio, dijo que no conocía «peor modo que vivir que el de Michael Jackson, el súmmum de lo que es una celebrity».

De hecho, contó que la promoción que le queda por delante en todo el mundo (hasta noviembre, apuntó) le agobia un poco. «Con el tiempo se va agravando y, aunque no soy creyente, no me queda más remedio que rezar. Me preparo como un atleta, tomando vitaminas y tratando de dormir». Penélope, menos reacia, aseguró que a ella no le da pereza: «Al revés, cuando estás orgullosa y no tienes que mentir en las entrevistas, es más fácil. Si la película tiene una vida larga, esto dura meses y eso es lo que esperas. No creo que ruede nada ya este año»

Lluís Homar, José Luis Gómez, Rubén Ochandiano y hasta Agustín Almodóvar también hablaron de la cinta. Poco. A Tamar Novas, Pedro no le dejó abrir la boca.