De izquierda a derecha: los actores Bernat Quintana, José María Pou y Miranda Gas, durante el ensayo general de la obra "Viejo amigo Cicerón"
De izquierda a derecha: los actores Bernat Quintana, José María Pou y Miranda Gas, durante el ensayo general de la obra "Viejo amigo Cicerón" - EFE

Festival de Mérida«Viejo amigo Cicerón»: las enseñanzas del pasado

El Festival de Mérida estrena una obra de Ernesto Caballero sobre Cicerón con dirección de Mario Gas

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Dice Ernesto Caballero, autor de «Viejo amigo Cicerón», que el célebre orador romano se nos presenta «como un político excepcional en un mundo de mezquinas ambiciones personales, deslealtades y pequeñas componendas tan propias de la vida pública desde entonces. Político, jurista, orador, filósofo, divulgador, podría encarnar la célebre máxima de Terencio, pues nada de lo humano le resultaba ajeno».

Marco Tulio Cicerón, figura fundamental de la política y el pensamiento romanos, es el protagonista –el «objeto de estudio»– de un trabajo que preparan dos jóvenes en una biblioteca; en ella aparece un hombre; no trabaja allí, no es investigador, no es estudioso, pero le gusta estar rodeado de libros. «los amigos más fieles, los que nunca defraudan», dice. Este es el lienzo sobre el que Ernesto Caballero dibuja «Viejo amigo Cicerón», primera propuesta teatral de la LXV edición del Festival de Teatro Clásico de Mérida, inaugurado la pasada semana con la ópera «Sansón y Dalila», de Saint-Saëns.

José María Pou, Bernat Quintana y Miranda Gas son los intérpretes de esta función, que dirige Mario Gas, que coproducen el propio festival y el Teatro Romea de Barcelona, y que pretende acercar al público de nuestros días a esta tan controvertida como colosal figura, cuyas reflexiones siguen, más de dos mil años después, arañando conciencias y avivando cuestiones. «Eso es lo que pretende esta obra –aseguraba José María Pou en el peristilo del coliseo emeritense al término del espectáculo–; que unos hechos del pasado nos interroguen sobre nuestro presente; al fin y al cabo, esa es una de las labores del teatro».

Y la obra de Ernesto Caballero, un dramaturgo que ha demostrado sobradamente su compromiso con la sociedad de su tiempo, despliega sobre el escenario cuestiones que atañen al ser humano tanto hoy como hace dos mil años, y que probablemente sigan cuestionándolo dentro de otros dos milenios: la amistad, la lealtad, el amor paterno-filial, la integridad, la culpa... Y, en un plano más general, la democracia, la traición, la ambición, la tiranía. El texto de Caballero –trufado de frases y pensamientos del mismo Cicerón– es un constante aldabonazo, y así lo entendió el público de Mérida, que siguió la función con un atento y revelador silencio, como destacaban el propio José María Pou y su director, Mario Gas.

Es cierto que el afán didáctico y desvelador del texto le resta dramatismo y conflicto a la función, demasiado plana en ocasiones. Funciona bien, sin embargo, el doble juego de épocas y personajes: el misterioso visitante encarna a Cicerón, mientras que los dos jóvenes, Miranda Gas y Bernat Quintana, toman respectivamente los papeles de Tulia, la hija del pensador, y Tirón, su secretario. El relato de la vida de Cicerón, especialmente afectado por su relación con Julio César, origen de buena parte de su desazón y de sus dudas, va empapando la vida de los dos jóvenes investigadores; Caballero encuentra soluciones efectivas para saltar de manera natural entre una y otra época.

Apoyado en una hermosa escenograía de Sebastià Brossa –una soberbia biblioteca bien iluminada por Juanjo Llorens–, Mario Gas ha creado un espectáculo sin alardes –el texto no lo pide–, y ha fiado prácticamente el cien por cien de la función al trabajo de los actores. Entre ellos destaca naturalmente el Cicerón de Pou, todo un veterano del Festival de Mérida, en el que estuvo por primera vez, recordaba, hace cuarenta años, y en el que ha trabajado una docena de veces (una de ellas, por cierto, «Golfus de Roma», que dirigió también Mario Gas; ambos hicieron ayer un divertido guiño a este musical al salir Pou tarareando su canción «Comedy Tonight»). El actor barcelonés muestra en «Viejo amigo Cicerón» su jerarquía en el gesto, en la palabra, en la intención; es un actor que marca la diferencia en escena. Bernat Quintana y, sobre todo, una expresiva Miranda Gas, arropan con eficacia a Pou en una función que sirve para descubrir una figura fundamental de nuestra historia y para escuchar todo lo que nos decía hace ya dos mil años.

Mérida. Teatro Romano. Hasta el 7 de julio, a las 22.45 horas.