Carme Conesa y Roberto Álvarez, en un momento de la función
Carme Conesa y Roberto Álvarez, en un momento de la función - MarcosGPunto
CRÍTICA DE TEATRO

«Festen»: secretos de familia

El Centro Dramático Nacional presenta una adaptación teatral de la película que inauguró el movimiento Dogma

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La familia, referencia esencial que cobija los ritos de aprendizaje, la costumbre de la ternura y la noción de refugio es también un territorio donde habitan afectos voraces, dependencias e hipotecas sentimentales; y a veces, historias terribles. La familia Klingenfeldt, en quien se centra «Festen», es infeliz hasta extremos abisales, lastrada por espantosos secretos y dominada por Helge, un padre totémico y temible. En la fiesta de celebración del sexagésimo cumpleaños de este, se producirá la catarsis liberadora de los fantasmas macerados durante años en la conciencia del hijo mayor, Christian, que, tras años de ausencia, regresa a la casa familiar para revelar ante todos que el padre abusaba alternativamente de él y su hermana gemela Linda cuando eran niños. Una verdad incómoda que ha ido pudriéndose y contaminando la convivencia hasta provocar el suicidio de Linda.

Esta pieza tiene su origen en una película de 1998 titulada en España «La celebración», traducción del término danés «Festen». Fue el primer filme con el marchamo del movimiento Dogma, fundado en 1995 por los cineastas Lars von Triers y Thomas Vinterberg, director de la cinta y coautor del guión junto a Mogens Rukov. En el año 2000, el también danés Bo Hr. Hansen la adaptó al teatro y de esta adaptación -hay otra de 2006 firmada por el británico David Eldridge- ha partido Magüi Mira para poner en pie un magnífico espectáculo que elimina personajes y concentra y estiliza la acción de la película.

«Festen» (****) Autores: Thomas Vinterberg y Mogens Rukov. Adaptación: Bo Hr. Hansen. Versión y dirección: Magüi Mira. Escenografía: M. Mira y Javier Ruiz de Alegría. Vestuario: Lorenzo Caprile. Iluminación: José Manuel Guerra. Intérpretes: Gabriel Garbisu, Jesús Noguero, Clara Sanchis, Roberto Álvarez, Manu Cuevas, Karina Garantivá, Carolina África, Carmen Conesa, Isabelle Stoffel y David Lorente. Teatro Valle-Inclán. Madrid.

La directora imprime a su puesta en escena el ritmo inquietante de una ceremonia sacrificial sobre la que flota la bella y serena presencia de la hermana suicida (encarnada por una fascinante Isabelle Stoffel), que es una suerte de catalizador espectral de lo que va sucediendo sobre la despejada y adecuadamente gélida escenografía de Mira y Javier Ruiz de Alegría. Lorenzo Caprile firma un vestuario espléndido, dominado por una densa gama de negros y grises oscuros con el contrapunto del vestido rojo de Linda, y que en el desenlace desemboca en una apoteosis del blanco.

Estupendas también las interpretaciones, con un matizadísimo y emocionante Gabriel Garbisu como Christian y un eminente Jesús Noguero en el papel de Kim, encargado del hotel familiar y cómplice del anterior. Clara Sanchis (la hermana tarambana), Roberto Álvarez (padre feroz), Carmen Conesa (madre consentidora), Karina Garantivá (la camarera enamorada de Christian) y el resto del reparto completan atinadamente ese universo familiar cimentado en la hipocresía.