José Luis Alcobendas y José Miguel Cuberom, en «Nekrassov»
José Luis Alcobendas y José Miguel Cuberom, en «Nekrassov» - Álvaro Serrano
TEATRO

La falsa verdad

Actualizado:«Nekrassov»Teatro de La Abadía

Comedia de enredo, sátira política, reflexión humorística, este «Nekrassov» de Sartre, actualizado por Dan Jemmett, es un objeto teatral tan aparentemente ingenuo como profundamente peligroso. Una Medusa convirtiendo en piedra a todo aquel que se acerque. En él hay humor, situaciones disparatadas, absurdo, pero también malestar y crítica al poder y a esa epidemia tan contemporánea de la manipulación. Sartre le da la vuelta al existencialismo, y plantea otro tipo de náusea, otro tipo de nada muy de hoy: hasta qué punto somos libres al creernos informados y hasta qué punto el mercado informativo se basa en la ética y en la dignidad. Sartre discursea aquí con la risa, con la caricatura, con los giros paródicos. En el sentido paródico, hay en «Nekrassov» algo que parece prefigurar el mundo de las equivocaciones de Robbe-Grillet o las historias lúdicas de Raymond Queneau. En efecto, la parodia está en la base de este juego de identidades que lleva al estafador George de Valera a convertirse en el ministro ruso Nekrassov. Un juego de identidades y manipulaciones del que resulta la gran estafa, la cara B de un medio de comunicación llamado «Soir à Paris» que se vale de las revelaciones de este falso Nekrassov para aumentar el número de ventas. No hay escrúpulos, solo la moral del mercado y de la cuenta de beneficios, la moral de la supervivencia laboral cueste lo que cueste.

Dos horas de farsa, pues, de sátira para alzar una denuncia a la histeria propagada como argumento político y a la histeria como negocio informativo. La histeria de la Guerra Fría, tan real como ficticia, de todas las guerras frías en este estado de la falsa verdad. Sirviéndose del vodevil, del teatro de variedades, «Nekrassov» refleja hasta qué punto el miedo puede ser un arma política.

A destacar la adaptación que se ha hecho del texto, depurándolo y reduciéndolo a las líneas argumentales más significativas. Y, por supuesto, la calidad sobresaliente de un elenco de actores que interpretan, reinterpretan, redimensionan con absoluta solvencia a distintos personajes, y entre los que conviene señalar a José Luis Alcobendas, Carmen Bécares, Ernesto Arias y a Clemente García, una revelación que no puede pasar inadvertida.

Dan Jemmett vuelve a firmar una escenografía y una dirección espléndidas, con gran inteligencia dramática. Este «Nekrassov» releído por Jemmett es un «Nekrassov» lúdico, grotesco, dinámico, un homenaje al teatro donde la artesanía es una forma de modernidad.

Dan Jemmett es siempre apasionante porque es imprevisible, es lúcido y grande porque acierta a expresar las dimensiones e infiernos de nuestro mundo.