Una escena de «La extinta poética»
Una escena de «La extinta poética» - Teatro Español
CRÍTICA DE TEATRO

«La extinta poética»: la terca belleza

Eusebio Calonge y Francisco Sánchez presentan un montaje lejos de La Zaranda

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Huéspedes de un muladar existencial acribillado por la farmacopea, puede decirse que los miembros de la familia protagonista de «La extinta poética» viven a toda pastilla. Los trastornos del alma y los desperfectos del cuerpo, aunque sean de naturaleza social o sentimental, tienen consideración común de enfermedad y como tal son tratados con un menú de medicamentos en el que unos compensan los desarreglos provocados por otros aplicados para solucionar un alifafe distinto, y así sucesivamente en una endiablada combinación de activos y reactivos.

«La extinta poética» (****) Texto e iluminación: Eusebio Calonge. Dirección y espacio escénico: Paco de La Zaranda. Intérpretes: Carmen Barrantes, Laura Gómez-Lacueva, Ingrid Magrinyà y Rafael Ponce. Teatro Español. Madrid

El padre, la madre y la hija embarazada conforman un núcleo familiar de zombis atrapados de una rutina en la que, como se dice en el programa de mano de la función, la biografía ha sido sustituida por el historial clínico y la poesía es una especie extinta. Solo la tenaz y patética danza de la hermana retrasada es un vestigio de la terca belleza que se resiste a desaparecer, un hermoso rescoldo al que la inocente se aferra para sentirse viva.

Tremenda parábola empapada por los presupuestos éticos y estéticos de la compañía teatral La Zaranda, cuyo director, Francisco Sánchez, y su autor de cabecera, Eusebio Calonge, han trasplantado a otro elenco, galvanizado por esas cadencias de malditismo irredento, humor negro y expresionismo desgarrado, señas de identidad «zarandanescas». Carmen Barrantes, Laura Gómez-Lacueva, Rafael Ponce y la bailarina Ingrid Magrinyà exhiben su excelente tono interpretativo en esas claves expresivas.