Daniel Albaladejo, en una escena de la comedia «Entre bobos anda el juego»
Daniel Albaladejo, en una escena de la comedia «Entre bobos anda el juego» - CNTC

«Entre bobos anda el juego», un figurón muy contemporáneo

Eduardo Vasco vuelve a la Compañía Nacional de Teatro Clásico con una divertida comedia de Rojas Zorrilla

MadridActualizado:

«Si solo tuviéramos a Rojas Zorrilla, ya tendríamos motivos para sentirnos muy orgullosos -dice Eduardo Vasco-... Pero tenemos a Lope, a Tirso y a Calderón. Por eso queda algo oscurecido un autor como él, a quien es necesario reivindicar». Con este espíritu resuelve el director madrileño la que es «una deuda pendiente» que tenía con Francisco de Rojas Zorrilla. Lo hace a través del montaje de «Entre bobos anda el juego», una obra estrenada en el año 1645 y que se presenta en el teatro de la Comedia hasta el 3 de marzo, dentro de la programación de la Compañía Nacional de Teatro Clásico -de la que Vasco fue director-, coproductora junto a Noviembre Teatro. Firma la versión Yolanda Pallín, y participan los colaboradores habituales de Vasco: Carolina González (escenografía), Lorenzo Caprile (vestuario) y Miguel Ángel Camacho (iluminación). El reparto incluye a Daniel Albaladejo, Arturo Querejeta, Isabel Rodes, José Ramón Iglesias, Fernando Sendino, Rafael Ortiz, José Vicente Ramos, Elena Rayos y Antonio de Cos.

«Es una “road movie” -explica Vasco-, que cuenta un viaje de Madrid a Toledo y que presenta situaciones descacharrantes. Está considerada el modelo de comedia de figurón, un subgénero de la comedia de capa y espada que se desarrolla a partir de un personaje cargado de faltas (avaricia, orgullo, pedantería, etcétera), al que se caricaturiza y se rodea de una peripecia que se va enredando hasta el final». «En este figurón -añade Yolanda Pallín- hay elementos de contemporaneidad sorprendentes. Es un nuevo rico que se comporta como un “cuñado experto en todología”».

La dramaturga cuenta que se trata de una obra heterogénea, que mezcla géneros que van desde la comedia amable al vodevil, y en cuya estructura no ha habido que hacer ninguna intervención. «Posee un lenguaje directamente teatral, aparentemente coloquial y muy funcional, y sorprende con un tratamiento de las relaciones sociales que no es nada frecuente en la época».

Con este montaje pretendemos, concluye Eduardo Vasco, «narrar la historia de dos amantes que logran encontrarse pese a la sinrazón que les rodea, tratando de ganar su batalla mediante el amor, motor imprescindible en nuestra tradición de teatro áureo, y el ingenio, que a menudo mueve los ejes de lo cómico».