Entra Coppola por la puerta de atrás

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REUTERS

Maribel Verdú bromea con Francis Ford Coppola durante la presentación de «Tetro» en el festival de Cannes

E. RODRÍGUEZ MARCHANTE

ENVIADO ESPECIAL

CANNES. En el Festival de Cannes se vive entre paradojas: hay más espectáculo a veces fuera que dentro de las salas, no siempre lo importante es lo mejor y casi nunca lo mejor es lo primero. La Sección Oficial no era ayer ni el espectáculo ni lo importante, ni lo mejor ni lo primero: las películas que estrenaban la competición eran una china sin nada aprovechable dentro, titulada «Fiebre primaveral» y dirigida por Lou Ye, y una británica de Andrea Arnold, con cierto aire Loach sobre una joven rebelde titulada «Fish tank». Francamente, no creo que nadie de la organización del festival tuviera la más mínima esperanza de que estos dos títulos programados en lo esencial (la competición) le arrebataran el día a lo de verdad importante: Coppola, que presentaba aquí su última película, «Tetro», proyectada en la Quincena de Realizadores.

Claro que, tal vez, la mayor paradoja esté en eso: que «Tetro» sea una película de Coppola, pues llega un momento de ella en que, sin saber cómo ni por qué, es como si se fuera Coppola y llegara un mal sucedáneo de Almodóvar a terminarla. La historia arranca con una fuerza entre portuaria y borgiana, con un tipo vestido de marinero que llega al barrio bonaerense de Boca. Y la fuerza y el aire siguen en ese blanco y negro en el que se revela el personaje que interpreta Maribel Verdú y en relación tormentosa, coppoliana, entre el marinerito y su hermano mayor, que es como aquel chico de la moto, pero tumbado en un sofá, y que interpreta ese actor de solo un primer plano llamado Vincent Gallo. No tarda mucho en írsele la cabeza a Coppola y cambiar el aire, la fuerza y el blanco y negro por una historieta a colores y por la persecución de una puesta en escena retorcida y operística que nunca acaba de encajar. La aparicion de Carmen Maura, en un personaje que, al parecer, debería de haber interpretado Javier Bardem, tiene en la película la misma traza que la del puntillero en Las Ventas, dicho sea en honor a la fecha.

En fin, Coppola, uno de los dioses de este Olimpo, se ha instalado en su rincón por méritos propios, y «Tetro» es ya también por esa misma razón una de las varias perlas negras de su curiosísima filmografía. Otro abollón más en la armadura de este viejo guerrero del cine.

También pugnaban contra las películas en competición algunos cineastas de crédito que jugaban fuera del área, como Hirokazu Kore-eda o Bahman Ghobadi, que presentaron sus últimos títulos en un Certain Regard, o Naomi Nawase en la Quincena..., pero lo importante, o lo esencial, o lo primero era la estropajosa historia que contaba el chino Lou Ye sobre unos cuantos personajes, tres hombres y dos mujeres, cuyas relaciones sexuales y de pareja eran tan indescifrables como sus propias identidades. Se podría subrayar, entre el desconcierto, alguna escena de ducha y de sexo entre dos de los hombres tan violenta o más que la celebre de «Psicosis», aunque con música melosilla.

Mucho mejor vestida estuvo la británica, con al menos un personaje bien tramado y vivido, el de esa quinceañera atascada en un mundo desengañado y sin aliento. El aire Loach mencionado le da a «Fish tank», a sus gentes y vecindarios, verosimilitud y sordidez, y podría decirse que presenta la candidatura de la joven y debutante actriz Katie Jarvis a algún tipo de reconocimiento o hasta premio.