Jesús Noguero y María Morales, en un momento de la función
Jesús Noguero y María Morales, en un momento de la función - Vanessa Rabade
CRÍTICA DE TEATRO

«Ensayo»: hablar demasiado

La obra, escrita y dirigida por el francés Pascal Rambert, se presenta en El Pavón Teatro Kamikaze con Fernanda Orazi, María Morales, Jesús Noguero e Israel Elejalde

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«Lo bueno de los animales es que se callan, nosotros hablamos demasiado», asegura, entre la disculpa y la justificación, Jesús, escritor que es uno de los cuatro personajes de «Ensayo», en cuyo título francés, «Répétition», se embosca también una alusión a lo reiterativo. Como en «La clausura del amor», la anterior obra de Pascal Rambert (Niza, 1962) estrenada en España, en esta nueva pieza del dramaturgo, director y coreógrafo francés -autor asociado desde este mes a El Pavón Teatro Kamikaze- no hay diálogos propiamente dichos, sino largos monólogos sucesivos en los que los personajes disparan sus diatribas contra los demás, exponen en caudalosos borbotones verbales sus opiniones sobre la vida, la creación, la frustración generacional, las ideas derrotadas, el amor y el sexo, y responden a apreciaciones vertidas por los anteriores. Rabiosos maremotos confesionales que son latigazos catárticos siempre copiosos, pues Rambert es un escritor de gran generosidad expresiva: da la impresión de que si puede ahorrarse palabras no lo hace.

«Ensayo» (***) Texto, dirección y espacio escénico: Pascal Rambert. Traducción y adaptación: Coto Adánez. Vestuario: Sandra Espinosa. Intérpretes: Fernanda Orazi, María Morales, Jesús Noguero e Israel Elejalde. El Pavón Teatro Kamikaze. Madrid

Los personajes se llaman igual que los actores que los interpretan. Son dos actrices, Fernanda (Orazi) y María (Morales); un escritor, Jesús (Noguero), y un director teatral, Israel (Elejalde). Dos parejas con vínculos sentimentales reunidas en una sala de ensayos para abordar una nueva obra, aunque pronto harán saltar por los aires su complicidad artística y su estabilidad afectiva. Es Fernanda, pareja de Jesús, quien inicia las andanadas anunciando su intención de abandonar la «estructura» que les une en un discurso de mujer herida, rezumante de celos y resentimiento, que cuestiona el sentido y el trabajo del grupo. Le sigue María, pareja de Israel, que enarbola el placer sexual como centro de un parlamento procaz en el que habla de su deseo dúplice por Israel y Jesús. Después es este quien comenta sus relaciones con los otros y reivindica su condición de artista, «un psicópata que no duda en matar por la correcta ejecución de su obra». Y concluye Israel con un alegato sobre la ficción como espejo certero de la verdad y con un llamamiento a que los jóvenes despierten para «volver a empezar el mundo», pues «la historia no está muerta, va a despertarnos».

«Ensayo» es un muy interesante espectáculo que fascina, inquieta, desconcierta y en ocasiones es difícil de seguir por su escarpada torrencialidad, que la dirección de Rambert parece haber dejado en libertad, pero que está embridada meticulosamente. Una apuesta que tal vez naufragaría con unos actores menos afinados y entregados que estos, que culminan admirablemente un trabajo de enorme complejidad.