Una escena de «La función por hacer»
Una escena de «La función por hacer» - Emilio Gómez

Diez años buscando la realidad

Actualizado:«La función por hacer»El Pavón Teatro Kamikaze

Han pasado diez años y «La función por hacer» se mantiene a la altura de su fama, de su transcendencia y de su memoria. Aquella obra que, desde el humilde vestíbulo del Teatro Lara, desde el más genuino off, vino a revolucionar la escena española, vuelve ahora con su Pirandello reescrito, su intensidad interrogativa y su calidad sin fisuras. En muchos sentidos «La función por hacer» proponía una proclama estética: la de la crisis de la ficción y la de la insurrección de la realidad. O por mejor decir, ponía a la ficción y a la realidad al borde del Viaducto para que cada una expresara su tragedia. Si hace un siglo Unamuno lanzó a los personajes de «Niebla» a ese vuelo desde el arco de hormigón, si Machado arrojó a sus poetas al vacío nocturno de lo apócrifo, si Pessoa llenó ese abismo de los múltiples fuegos de artificio del yo desde el Puente de Alcântara en Lisboa, Miguel del Arco y Aitor Tejada recrean y reescriben no solo los «Seis personajes en busca de autor» sino distintos textos de Pirandello para que muestren su actualidad, su pertinencia y hasta qué punto el nuevo teatro tiene que abrir de nuevo la infinita interrogación sobre lo real. Una interrogación planteada constantemente desde las tablas del Kamikaze, como todos los espectadores conocen.

Una década después, esta historia de amores y de conflictos en la que un pintor y su novia se ven asaltados por unos personajes que arrastran su propia tragedia de pasiones enfrentadas, matrimonios rotos e infidelidades sigue poniendo el vello de punta. Gran texto, escenografía desnuda, iluminación reducida a lo esencial para una obra que se mantiene todo el tiempo en un estado de gracia, en una riqueza conceptual y en una solidez poco frecuentes. En realidad, estos personajes, dos hermanos y sus mujeres, se nos aparecen como una galería de fantasmas que plantean qué hay de fantasmal en cada una de nuestras vidas, en cada uno de nuestros actos y hasta qué punto somos perseguidos por ellos. Estas conciencias sin descanso nos van relatando qué pasó en aquel momento en que su mundo se volvió del revés, en que el amor, el sexo y la pasión se convirtieron en el veneno que arruinó sus vidas para siempre.

Pocas veces asistimos a una interpretación que, en su totalidad, se mantenga a esta altura. Pocas veces cada gesto, cada lágrima, cada nervio es compartido por el espectador. Gran parte de la grandeza de esta obra se sustenta en la grandeza de estos actores y estas actrices que han crecido con ella, que se han vuelto también imprescindibles.

Humor, juego, sensibilidad para interpretar los nuevos tiempos, las nuevas estéticas, «La función por hacer» es ya una pasión, una adicción, en ella oímos cómo la realidad llama a nuestra puerta.