Silvia Valero y Bruno Tamarit, en una escena de «Cuzco»
Silvia Valero y Bruno Tamarit, en una escena de «Cuzco» - ABC
CRÍTICA DE TEATRO

«Cuzco», el invierno de una pareja

El teatro Fernán Gómez presenta esta obra escrita y dirigida por Víctor Sánchez Rodríguez

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Thomas Bernhard habló del viaje turístico en las sociedades contemporáneas, de ese anhelo de escapar de nuestras rutinas a golpe de tour operador y promesas de felicidad. Habló, por supuesto, del deseo, de la esperanza de que a miles de kilómetros de nuestras vidas tal vez encontremos el equilibrio que no encontramos en las habitaciones de nuestra casa.

Una joven pareja viaja a Cuzco para ascender a las alturas del Machu Picchu. Ascender a la montaña simboliza dejar atrás una existencia en crisis, conquistar en ese camino lo que la vida les hurtó. Él ha preparado concienzudamente todos los detalles, ella se ha dejado llevar. Pero bastan solo unas horas en la habitación de hotel de esa ciudad peruana para que estalle el infierno. La montaña quedará postergada por el viaje a lo más profundo de estos seres, a sus insatisfacciones, a sus abismos, a sus desconfianzas sobre el otro, a los reproches. El «Cuzco» creado por Víctor Sánchez Rodríguez tiene la violencia nacida de una vida en pareja a la que se le helaron los afectos, que vive el invierno de la extrañeza de aquello que una vez se amó y a lo que se estuvo unido.

El escenario diseñado por Mireia Vila es, por lo tanto, un montón de ceniza y una grieta en la pared. La iluminación propuesta por Mingo Albir, tan expresiva, sirve para potenciar los momentos climáticos en los que esa separación va tomando forma. El texto teatral acierta en el dibujo de estas psicologías y lo hace hasta en los detalles más sutiles. Sabe mostrarnos los sentimientos de ella frente a una ciudad, un paisaje, un viaje que ahonda su malestar y despierta una profunda aversión por lo diferente. De la misma manera que sabe mostrarnos la vida íntima de esta pareja, la sexualidad apagada, los afectos que la vida poco a poco ha ido rompiendo.

En el trabajo de interpretación habría que salvar algunas disonancias para que la obra expresara toda su tragedia. Aunque es cierto que al final se impone la desorientación vital del personaje de Ella, sus encrucijadas y su travesía hacia el encuentro consigo mismo. Como se impone el entusiasmo, la vitalidad del interpretado por Bruno Tamarit.

« Cuzco» no se agota solo en la puesta en escena de esa relación de pareja. Tiene también una lectura política del momento que estamos viviendo y una mirada sobre las bases humanas y sociales que ha creado nuestro modo de civilización. Sin perder de vista el humor, el texto de Víctor Sánchez se adentra en nuestra relación con la historia, con la globalización y en nuestra relación con eso que llamamos culturalmente amor.