Una escena de «El curioso incidente del perro a medianoche»
Una escena de «El curioso incidente del perro a medianoche» - ABC
CRÍTICA DE TEATRO

«El curioso incidente del perro a medianoche»: un gran texto, un gran espectáculo

Se estrena en Madrid la premiada y aplaudida obra de Simon Stephens basada en la novela de Mark Haddon

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Una cámara negra puede ser el único envoltorio que necesite una buena función teatral. Pero eso no quiere decir que una producción lujosa e imaginativa sea un estorbo. Una buena prueba de ello es «El curioso incidente del perro a medianoche», la adaptación teatral de una novela de éxito publicada hace tres lustros. La función original, estrenada en Londres, y que estuvo casi cinco años en cartel, se presentaba con el empaque propio de un musical. Uno de los aciertos de la producción que se presenta en Madrid ha sido respetar el sello de gran espectáculo que tenía el original inglés. Y la magnética, afilada y entretenida aventura de Christopher, el adolescente autista o asperger -el libro no lo determina- lo agradece aunque, insisto, se podría contar con únicamente una cámara negra, tal es su profundidad y potencia.

Es difícil no dejarse seducir por ese personaje irritantemente adorable que creó Mark Haddon, el autor de la novela. El suyo es un viaje lleno de ternura, humor y acidez; su aplastante lógica es tan reveladora como sorprendente, y su inocencia es conmovedora. Sobre todo si se cuenta con un intérprete como Álex Villazán, capaz de rellenar con los colores exactos, y sin salirse del dibujo -algo especialmente complicado-, cada recoveco del exigente y comprometido Christopher. Es el suyo, además, un trabajo físicamente espinoso y agotador, porque no sale del escenario en las dos horas y media que dura la función. En torno a él se construye este espectáculo, firmemente inspirado en el londinense. Luces, proyeccciones y elementos se convierten en un personaje más, no en vano son el reflejo de la hiperactiva mente del joven.

José Luis Arellano sienta con maestría las costuras de la función, que maneja con ritmo y siembra de detalles para que exponga sus distintas capas. Excelentes las proyecciones de Álvaro Luna y el movimiento coreográfico de Andoni Larrabeiti, que envuelven a un reparto perfectamente afinado en el que brilla la luminosa Lara Grube.