Antonio Zabálburu y Nur Levi, en una escena de la obra
Antonio Zabálburu y Nur Levi, en una escena de la obra - ABC
CRÍTICA DE TEATRO

«¡Corre!», de Yolanda García Serrano: con la vida en los talones

Antonio Zabálburu y Nur Levi interpretan la obra, basada en una historia cinematográfica de la autora y de Joaquín Oristrell

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Kiko es rápido, corre que las pela hacia los problemas desde que de niño decidió escapar de una realidad doméstica agresiva. Cuando la vida parece abrirle una puerta, él sigue siendo más veloz en su afán por acudir a su cita con la mala suerte, convertido en experto en hacerse daño a sí mismo. Está en la cárcel cumpliendo condena por defenderse de una agresión con la mala suerte, siempre la mala suerte, de que al empujar a uno de sus agresores este se golpeó en la cabeza y murió. Después de años sin verse, su hermana Emma acude a visitarlo. La madre de ambos ha fallecido y la venta del piso familiar sería un colchón económico sobre el que Kiko, del que ella no se fía porque le ha fallado demasiadas veces, podría cimentar una nueva vida al salir de prisión.

¡Corre! (****) Dramaturgia y dirección: Yolanda García Serrano, sobre una historia cinematográfica de esta y Joaquín Oristrell. Iluminación: Manuel Fuster. Escenografía: Carlos Aparicio. Música y espacio sonoro: Mariano Díaz. Intérpretes: Antonio Zabálburu y Nur Levi. Sala Mirador. Madrid

Los hermanos parecen venir de mundos diferentes aunque compartan una buena porción de su pasado. Ella, siempre una buena chica, es maestra, está casada y quiere ser madre, nunca fue consciente del fantasma de la violencia familiar y ese hermano problemático es un peso negativo en su vida conyugal, porque siempre ha desgraciado cualquier intento de ayuda. Yolanda García Serrano perfila con matices vivos, rigurosos y certeros a estas dos personas confrontadas en un presente sobre el que gravitan hechos pretéritos. Hay un viejo afecto que les une y una cadena de desencuentros que hace difícil la relación.

Una historia dura amasada con sensibilidad, interés y oficio, que transcurre más o menos durante un año, un periodo en el que vuelve a latir el dolor antiguo y los dos hermanos redescubren su vieja complicidad. Dos mundos muy bien dibujados por Carlos Aparicio con elementos mínimos: la cárcel y sus diferentes espacios (el locutorio donde transcurren los encuentros, y la celda y el gimnasio, donde Kiko conversa con interlocutores que no vemos) y la casa de Emma, donde ella habla con su marido, también invisible para el público. García Serrano, que combina los diálogos y los casi monólogos en un contrapunto que marca con acierto el ritmo de la acción, dirige con mimo a los dos actores. Antonio Zabálburu realiza una extraordinaria composición de Kiko, bromista y cercano, espontáneo, tierno en ocasiones, que rezuma peligro en cada gesto, como si le fuera imposible desprenderse de una tensión agresiva que nunca fuerza, es algo inevitablemente unido a su naturaleza. Nur Levi le da perfecta réplica como esa mujer sensible, desorientada y molesta porque, pese a que intenta apartarse de él, se siente atada a la oscura sombra de su hermano.