La contraportada de la sirenita

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E. R. MARCHANTE

El veterano director japonés de cine de animación Hayao Miyazaki es lo que podríamos considerar un intocable. Sus películas («El castillo ambulante», «La princesa Mononoke», «El viaje de Chihihiro», «Poco Rosso»...) son consideradas por la crítica internacional y por los aficionados al cine de animación ya de cierta edad como auténticas joyas del género, llenas de imaginación, color y fantasía. Tanto en sus maneras como en su interior, el cine de Miyazaki (máximo representante de los Estudios Ghibli) es la contraportada del de Disney o Pixar. Más sutil, más poético, tal vez, y mucho menos directo a la zona de las cosquillas. O dicho de otro modo: más dibujo y menos animado.

«Ponyo en el acantilado» es la historia de un niño y un pececito que quiere convertirse en humano, y las peripecias entrañables y las desventuras que viven ambos a causa de una terrible tormenta... En fin, el argumento va claramente dirigido a niños de unos cinco años y a críticos de cine de prestigio internacional.

Si se quiere, podría considerarse «Ponyo en el acantilado» como una versión rasgada de «La sirenita». Aquí sería la sardinita, que poco a poco se va transformando en ser humano... En fin, todo el proceso metafórico y de transformación no combina tan bien con el bol de palomitas como el de la princesa de «Shrek», pero eso es otra historia.

No es difícil maravillarse con las escenas de la tormenta ni con el tratamiento visual de la confusión de elementos de la naturaleza. Y desde luego es imposible no asombrarse y quedarse pasmado con el tonillo y las letras de las canciones.