El cine alemán busca despegar de Tempelhof

El cine alemán busca despegar de Tempelhof

RAMIRO VILLAPADIERNA | BERLÍN
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Uno de los aeropuertos más cinematográficos del mundo, en pleno centro de Berlín, desde donde despegaron tanto Hitler como Indiana Jones, podría convertirse en una ciudad europea del cine, según los planes que abrigan los también históricos estudios Babelsberg (UFA), donde en estos días rueda Tarantino. El emblemático complejo que sirvió de cabeza al puente aéreo, cuando Moscú quiso doblegar a la capital, fue clausurado el pasado 30 de octubre después de años en que, diversas iniciativas empresariales y ciudadanas, de la nostalgia al reconocimiento histórico, fracasaron en mantener con vida al que Norman Foster llamó «la madre de todos los aeropuertos» y ha sido el mayor edificio público del mundo de una pieza.

Durante una década se especuló sobre el futuro del lugar del que despegaron los Zeppelin y aterrizaron estrellas de cine y presidentes solidarios. Desde un parque ferial, a un negocio inmobiliario, pasando por un zoológico o parques temáticos fracasaron asimismo como iniciativas de sustitución para estos 300.000 metros cuadrados en pleno centro; la ruina financiera e inmobiliaria de la nueva capital tras la reunificación bloqueó los proyectos y los aviones siguieron despegando hasta octubre, pese al déficit y la voluntad terminadora del alcalde socialdemócrata Klaus Wowereit.

Ahora los legendarios estudios de la vecina localidad de Potsdam quieren convertir el Flughafen Tempelhof en el Filmhafen Tempelhof, un «cinepuerto» de la industria alemana y a ser posible continental, según adelantaba ayer el Berliner Zeitung. El proyecto contempla una auténtica ciudad del cine y la televisión, con oficinas y viviendas para el personal, un centro de producciones cinematográficas y un palacio de congresos, así como otras instalaciones para medios de comunicación, según explicaba ayer su director a la agencia Dpa. «Estos hangares son el sueño de cualquier realizador», declaró Christoph Fisser al diario.

Todos son tan conscientes de que la terminal y sus dependencias constituyen una joya arquitectónica que ello dificulta su adjudicación futura. En estos momentos alberga un archivo del aeropuerto, un gimnasio del ejército estadounidense, un antiguo departamento de los servicios secretos USA y un búnker en el que se dice que ardieron documentos en los últimos días de la guerra.

Los estudios Babelsberg, que desde 1917 han producido clásicos como «Metrópolis» o «El ángel azul», desean conservar el conjunto, «no queremos alquilar simplemente unos hangares». Aunque admiten que el espacio sería menor al disponible ahora en Potsdam, no pretenden «abandonar la tradicional sede 3 a 20 kilómetros del centro de Berlín, pero su situación lo haría más atractivo para grandes proyectos internacionales y crearía empleos en la capital.

Se ha dicho que Tempelhof podría devenir un Museo de la Aviación o de los Aliados, una villa olímpica, polideportivos, urbanizaciones y escuelas. El senado o gobierno de la capital deberá dar a conocer su decisión sobre los varios planes a concurso a finales de mes. La incierta situación en torno al aeródromo ha venido siendo tan extraña que, meses después del referéndum y el cierre, todavía el metro anunciaba ayer al tomar esa línea: «Atención, pasajeros al aeropuerto de Tempelhof, desciendan aquí».