Blanca Portillo y José Luis García Pérez - Ceferino López
Cartografía

«El cartógrafo» desembarca en Madrid

ABC ofrece un vídeo en exclusiva de la obra de Juan Mayorga, interpretada por Blanca Portillo y José Luis García Pérez, que llegará a Matadero el 26 de enero

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«En la Varsovia de nuestros días, Blanca oye la leyenda del cartógrafo del gueto. Según esa leyenda, un viejo cartógrafo se empeñó, mientras todo moría a su alrededor, en dibujar el mapa de aquel mundo en peligro; pero como sus piernas ya no lo sostenían, como él no podía buscar los datos que necesitaba, era una niña la que salía a buscarlos para él. Blanca tomará por verdad la leyenda y se lanzará a su vez, obsesivamente, a la búsqueda del viejo mapa y, sin saberlo, a la búsqueda de sí misma».

Ésta es la síntesis de «El cartógrafo», la obra escrita y dirigida por Juan Mayorga que se presenta del 26 de enero al 26 de febrero en las Naves del Español, en Matadero. Sus intérpretes son Blanca Portillo y José Luis García Pérez, y ABC ofrece un vídeo exclusivo de una de sus escenas.

Mayorga ha relatado que la idea de escribir esta obra nació durante una visita a Varsovia en 2008. Allí visitó una sinagoga en la que se preparaba una exposición de fotografías del gueto recientemente descubiertas. Se acompañaban con un cartel donde se señalaba dónde se creía que se habían tomado. El dramaturgo español señaló con una cruz en su mapa todos esos lugares. Se dirigió a ellos, y descubrió que no quedaba nada de lo que las fotos reflejaban.

«Algún tiempo -relata Mayorga- después empecé a escribir mi pieza "El cartógrafo", cuyo subtítulo es "Varsovia, 1: 400.000", y en la que una experiencia semejante a la que acabo de relatar es vivida por Blanca, esposa de un diplomático español destinado en Varsovia. En mi ficción, Blanca entra en la misma sinagoga en la que yo entré, y cuando vuelve a ella para ver otra vez las viejas fotos del gueto, conoce a un hombre que le cuenta la leyenda del cartógrafo. Conforme a esa leyenda, durante la ocupación alemana, un cartógrafo anciano e inválido se propuso dibujar un mapa del gueto, es decir, el mapa de un lugar en que todo –empezando por las cuatrocientas mil personas allí enjauladas- estaba en peligro. No pudiendo salir él a las calles, el éxito de su tarea dependía de una niña, su nieta, que iba donde él le indicaba a buscar los datos con que hacer y rehacer el mapa».

El dramaturgo realiza una pirueta para hablar del teatro a través de esta historia. Uno de sus personajes dice: «en el teatro todo responde a una pregunta que alguien se ha hecho. Como los mapas». Y Mayorga dice: «Unos ciudadanos, los actores, convocan a la ciudad para darle a examinar posibilidades de la vida humana: eso es el teatro. Nace de la escucha de la ciudad, pero no puede conformarse con devolver a la ciudad su ruido; ha de entregarle una experiencia poética. No es un calco, es un mapa. Arte político en la medida en que se hace ante una asamblea, lo será especialmente si los actores convierten el escenario en espacio para la crítica y para la utopía: en lugar para el examen de este mundo y para la imaginación de otros mundos. Es decir, si los actores se enfrentan a este mundo. Si suele decirse que el teatro es el arte del conflicto, debe añadirse que no hay conflicto más importante entre los que puede ofrecer el teatro que aquel que se da entre los actores y el público. El teatro convoca a la ciudad para desafiarla. Por eso, igual que un mapa, un teatro que no provoque controversia es un teatro irrelevante. El mejor teatro divide la ciudad. Pone ante la ciudad lo que la ciudad no quiere ver. En vez de a lo general, a lo normal, a lo acordado, atiende a lo singular, a lo anómalo, a lo incierto. A aquello que la ciudad quiere expulsar del territorio y del mapa. Un teatro valioso, como un valioso mapa, nos sitúa otra vez en la escena original: aquella en que la ciudad establece sus límites».