Cristina Medina y Santiago Molero
Cristina Medina y Santiago Molero - Laura Ortega

«¡Ay, Carmela!», memoria del más allá

Fernando Soto dirige a Cristina Medina y Santiago Molero en una nueva producción del clásico de José Sanchis Sinisterra

MadridActualizado:

Eran los últimos años ochenta. Cristina Medina, entonces estudiante de tercer curso de interpretación, estaba a punto de suspender y que esa nota le impidiera seguir sus estudios en Londres. Entonces apareció «¡Ay, Carmela!», el texto que un par de años antes había estrenado José Sanchis Sinisterra. «Un compañero -cuenta ella misma- me propuso que hiciéramos el segundo acto. Lo hicimos, aprobé y me pude ir a Londres». La actriz tenía desde entonces una deuda con este clásico del teatro contemporáneo español. «Entonces no me leí la obra, solo la parte que iba a interpretar. Y me dije que tenía que leer el texto y hacerlo un día».

Ese día ha llegado. La actriz -que hacía veinte años que no se subía a un escenario para interpretar un texto ajeno- encarna a Carmela en una nueva producción de la obra que se estrena en los teatros del Canal con dirección de Fernando Soto. Santiago Molero encarna a Paulino.

Ni siquiera Sanchis Sinisterra sabe cuántas producciones de «¡Ay, Carmela»!» se han montado desde que se estrenara en Zaragoza, en noviembre de 1997. «Yo la escribí en 1985 -relata su autor- pensando en que se estrenase al año siguiente, fecha del cincuentenario de la guerra civil; no quería que este aniversario pasara desapercibido. Su proceso de escritura tuvo algo de automatismo, fue muy misterioso y enigmático. Pero, por diversas circunstancias, no se pudo hacer hasta pasado un año».

Confiesa el dramaturgo, sin embargo, que con el tiempo descubrió que la obra no trataba en realidad sobre la guerra civil. «Me di cuenta sobre todo cuando vi los montajes que se hacían en otros países; pensaba qué les podía interesar y concernir de la historia de Carmela y Paulino. Y comprendí que la obra, en realidad, habla de los muertos que no quieren desaparecer, que no quieren ser borrados de la memoria, y de la obligación que tenemos los vivos de ayudarles».

«¡Ay, Carmela!» no es el hijo más querido de Sanchis Sinisterra, pero sí el que más experiencias positivas le ha dado. Entre ellas figuran varias de esas representaciones en el extranjero de las que hablaba antes, y cita una ofrecida en Sarajevo, otra en Argentina delante de las Madres de Mayo, y una tercera en Medellín, en Colombia, a la que asistieron las Madres de la Candelaria (una asociación similar a la argentina).

Un ensayo del montaje dirigido por Fernando Soto le bastó a Sanchis Sinisterra para darse cuenta de que el director había dado en la diana de ese más allá que sobrevuela sobre la función; «más allá de la muerte -dice- está la memoria y el olvido». Este «¡Ay, Carmela!» que se presenta en el Canal está, según el dramaturgo, «en una tesitura muy moderna, muy actual, incluso muy española, pero con reverberaciones de otros más allá presentados antes. Cada montaje me descubre una nueva dimensión de la obra. Por ejemplo, al ver en éste la escena en que Carmela canta “Suspiros de España”, un pasodoble que elegí simplemente porque siempre me ha gustado mucho, me he dado cuenta, por la letra -“Quiero yo volver a ser / la luz de aquel rayito de sol”-, de que Carmela está hablando de sí mismo; Fernando reivindica la dimensión poética de la realidad».

Soto, por su parte, asegura que cuando le ofrecieron la dirección de esta obra, archirepresentada, no tuvo ninguna duda. «La dirigiría una y mil veces. Leí el texto cuando empezaba a estudiar Arte Dramático y me entusiasmó. Me parece un eterno enigma, yo me siento Paulino, que no entiende bien lo que pasa -Carmela se le aparece después de muerta- cuando me enfrento a este texto. La guerra civil y el folclore español están en la obra, pero lo que me llama la atención sobre todo es el sentir de Paulino, esa pregunta de qué hay más allá del escenario, de la vida... Yo no quiero olvidar a mis muertos, y en eso hemos puesto el foco del montaje. Creo que “¡Ay, Carmela!” es un canto a la esperanza, a la memoria y al recuerdo».