Tan buena como «El peliculón», incluidos los anuncios

F. M. B.
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Una amiga me decía a la salida del pase que había tardado casi media hora en saber de qué iba la película. Aparte del trabajo de Inma Cuesta, que justifica con creces su omnipresencia en las artes audiovisuales y escénicas españolas, el comentario es casi elogioso, porque cuando se acaba el esbozo de intriga (es un decir) y el espectador comprende por dónde van los tiros, la cosa pinta bastante peor.

Mezcla la cinta una historia de amor, un drama de denuncia política y tropezones de comedia, a propósito de la integración social de un desubicado Fele Martínez. Otro Martínez, Pau, preocupado por «el fenómeno de la okupación», echa a la batidora todos los ingredientes sin pelar, y el trabajo posterior no es suficientemente fino como para evitar asperezas. Peor aún, el alegato contra la corrupción municipal carece de la menor sutileza o, en todo caso, de contundencia, si el objetivo era la denuncia; los personajes son meros estereotipos y la trama (una vez que quedan claras sus intenciones) no puede ser más previsible.