Bernard-Henri Lévy y Albert Boadella, en el estreno de «Looking for Europe» en Valencia
Bernard-Henri Lévy y Albert Boadella, en el estreno de «Looking for Europe» en Valencia - EFE

Boadella vuelve a la Barcelona nacional-populista

El dramaturgo colabora con Bernard-Henri Lévy en la obra «Looking for Europe», que hoy se estrena en el teatro Coliseum

BarcelonaActualizado:

Sant Jordi, 2018. Albert Boadella atendía a sus lectores en un barco fondeado en el puerto como presidente de Tabarnia. No pisaría tierra barcelonesa hasta enero de 2019: presentaba con Bernard-Henri Lévy «Looking for Europe». Ambientada en un hotel de Sarajevo, la pieza del filósofo galo es una crítica acerba de los nacionalismos y populismos europeos.

Hoy Boadella retorna al teatro Coliseum. Quienes le tildan de fascista y «botifler» no tienen idea de quien están hablando. La máscara con la franja roja y el lema «Libertad de expresión» llenó las paredes hace cuarenta años. Hablamos de tiempos de consejos de guerra, como el que padecieron Els Joglars. Entonces, los exiliados eran exiliados y no se hacían llamar así desde un palacete en Waterloo. Los presos políticos lo eran de veras: iban a la trena por sus ideas, no por saltarse la Constitución en una España democrática.

En 1977, representar el garrote vil que mató a Puig Antich y al desdichado Heinz Chez -«la torna», el contrapeso- actuaba como un obús contra la pena de muerte. Ingresado en el Clínico, Boadella se deslizó por un bajante ataviado con bata blanca y salió camuflado entre el personal sanitario. El consejo de guerra condenó a penas de cárcel a cuatro «joglars» y el resto se fue al exilio.

A los cuarenta años franquistas seguirían otros cuarenta de nacionalismo; según Tarradellas, de «dictadura blanca». Si el sentido del teatro es criticar al pensamiento único, Boadella pasó de meterse con Franco a meterse con Pujol y sus mayorías absolutistas. El siguiente obús fue «Operación Ubú» (1981), tributo al patafísico Alfred Jarry. Els Joglars convertían al Gran Timonel nacionalista en el grotesco cabezudo que grita «merdre». Su objetivo esencial, apunta Boadella: «Contrarrestar la campaña que el mariscal Pujol y sus huestes nacionalistas habían iniciado meses atrás para incautarse, física, mental y patrimonialmente, del territorio catalán».

Ofensiva satírica

El banquero que tras el fiasco de Banca Catalana retó al gobierno socialista -«a partir de ahora de ética y moral hablaremos nosotros»- encarnaba lo peor del carácter catalán. A la ofensiva satírica sucedió la contraofensiva nacionalista: Boadella ingresó en la lista negra de los «malos catalanes» para no salir nunca más. Y no solo le perseguían los convergentes; el acomplejado PSC -pijosocialismo de Sant Gervasi- dio la callada ante el linchamiento mediático.

De perdidos al río, reza el dicho… En los tiempos hegemónicos del PSOE Boadella contó con la complicidad de Pilar Miró, directora de TVE. Joglars protagonizaron en 1988 una serie que ponía del revés el eslogan institucional de la Generalitat: el «Som sis mil.lions» se trocó en «Som una meravella», título mordaz sobre el ombliguismo regional. La coña fue contestada con otro boicot a la compañía en la subvencionadísima cultura catalana: «Con sustanciosas prebendas públicas se habían acuartelado a lo largo y ancho del territorio los misioneros de la nueva religión nacionalista que encaramados a unos púlpitos laicos, mircófono en mano pluma en ristre, señalaban con gran precisión a los buenos y malos catalanes», recuerda el actor.

Y como a Boadella and Company les iba la marcha, reincidieron con Javier Gurruchaga en el programa «Viaje con nosotros». Este nuevo mísil catódico congregaba a Ubú-Pujol billetero en mano, la Virgen de Montserrat hablando como una zulú, los jugadores del Barça mostrando el trasero al míster tras perder con el Madrid y Gurruchaga de pubilla con música de sardana psicodélica… Y todo en «prime time»: doce millones de espectadores.

Non gratos

Como el nacionalismo tiene poca cintura para la sátira, Els Joglars fueron declarados non gratos en una Cataluña convergente que soñaba con un auto de fe, aunque fuera en efigie, del díscolo bufón… Desde el ostracismo lanzó más «ubuses»: «Ubú President» y «Ubú o los últimos días de Pompeya»; Boadella incorporaba un delirante Pasqual Maremagnum, certero anticipo de la sumisión del líder socialista al tripartito que abrió la caja del procés con la innecesaria reforma del Estatuto. Con «La increíble historia del Doctor Floit & Míster Pla», Boadella volvía a pegar donde más duele: confrontaba al fundador de Òmnium y los melifluos monjes de Montserrat con el crudo pragmatismo de Pla.

El resto es conocido. Residencia en Madrid con los teatros del Canal, fundación de Ciudadanos, defensa de la tauromaquia, estancias cuasi clandestinas en su casa ampurdanesa de Jafre y presidencia de Tabarnia, ínsula cosmopolita que pretende liberarse del soviet carlista que corta autopistas con CDR y tractores. En «Adiós Cataluña» (premio Espasa de Ensayo, 2007), Boadella aparecía fotografiado al pie de una pintada que llamaba fascista y pedía su expulsion de Cataluña: «En un país donde Tàpies es el genio, es lógico que las paredes desconchadas y los grafitis formen parte de las Bellas Artes», acotó. Europa mira a la Cataluña nacional-populista. Y nosotros a Henri Lévy & Boadella.