Retrato de Francisco Asenjo Barbieri
Retrato de Francisco Asenjo Barbieri - BNE

La Biblioteca Nacional rinde homenaje a Barbieri, el músico «esclavo de la vida»

Una exposición reúne lo mejor del legado del compositor, uno de los creadores del teatro musical español

MadridActualizado:

«Lego en un convento, estudiante de medicina, aprendiz de ingeniero, alumno del conservatorio, corista, partiquino, director de orquesta, apuntador, contrabandista durante una hora, buhonero en cierta ocasión, director de un liceo, secretario de otro, músico militar, miliciano nacional, empresario, periodista, bibliófilo, compositor y constante adorador del bello sexo». Todo esto, emulando a Lamparilla, el personaje de su zarzuela «El barberillo de Lavapiés», fue Francisco Asenjo Barbieri (1823-1894), uno de los más grandes compositores de la historia de la música española.

Al autor de obras como «Pan y toros», «Jugar con fuego» o la citada «El barberillo de Lavapiés» dedica la Biblioteca Nacional (en colaboración con Acción Cultural Española); es un homenaje que le debía esta institución, a la que Barbieri legó el 18 de febrero de 1894, tan solo un día antes de su muerte, su riquísimo archivo bibliográfico y documental. «Poseía una colección inmensa de primeras ediciones de libros sobre música, teatro, vino... -explica el musicólogo Emilio Casares, comisario de «Barbieri: música, fuego y diamantes», título de la exposición-, numerosa documentación teatral, ya que su abuelo fue director del Teatro de la Cruz; y en su excepcional legado en la BNE, que daría pie a décadas de investigación, hay cuatro mil cartas con los hombres más poderosos de su época, como Antonio Cánovas del Castillo, Práxedes Mateo Sagasta o Emilio Castelar, de quien fue amigo íntimo».

Portada de la partitura de «Jugar con fuego»
Portada de la partitura de «Jugar con fuego»

Este legado conforma la columna vertebral de la exposición, elegantemente diseñada por Enrique Bonet. Las doscientas piezas que la componen están dispuestas en cinco apartados: El hombre, La obra, El creador, El activista e ideólogo, para concluir con su relación con la Biblioteca Nacional. No solo está en ella su legado, sino que dos de los mejores amigos de Barbieri, cuenta Casares, «fueron Tamayo y Baus y Marcelino Menéndez Pelayo, que dirigieron la institución; son ellos los que frenaron las tentaciones de venta del legado tras la muerte de su amigo».

La exposición descubre a un hombre que fue mucho más que un sobresaliente compositor. «Barbieri un “esclavo de la vida”; un provocador que luchó en dieciséis frentes -expone el comisario de la exposición-; fue un intelectual, se relacionó con las principales figuras políticas, musicales y literarias de la época; peleó por la inclusión de la música en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la que fue su primer miembro músico; fue un defensor de los derechos de los autores; introdujo la música sinfónica en España; y fue uno de los impulsores (también económicamente) del Teatro de la Zarzuela.

Partitura autógrafa de Barbieri
Partitura autógrafa de Barbieri

La contribución de Barbieri al teatro lírico español es, sin duda, su aspecto más destacado, y ahí está el legado de sus zarzuelas. Antiwagneriano convencido, relata Casares, escribió una carta fundamental a Felipe Pedrell «donde fija con claridad la naturaleza del teatro lírico que él concibe, lejano al drama romántico frances, italiano y alemán de los Meyerbeer, Verdi y Wagner».

Las partituras forman, lógicamente, una parte fundamental de la exposición. En ella se encuentran los originales de «El barberillo de Lavapiés» y «Pan y toros», junto a cartas, retratos, libros, escenografías y figurines de las puestas en escena de sus zarzuelas, objetos fonográficos, etcétera. Entre las curiosidades que puede encontrar el público, destacan una caja de puros de Aberlardo López de Ayala dedicada a Barbieri; un arpa barroca que perteneció al compositor madrileño; las nóminas de la Asociación de Óperas Coliseo de los Caños del Peral o una batuta propiedad del músico..