La Barbie y el cavernícola

J. C.
Actualizado:

Ya su imagen promocional desvela el ideario del filme: las mujeres sienten y padecen con la cabeza y los hombres, con la mismísima hueva... digo, zona íntima. Arrancando desde este prodigio visual, Luketic urde una presunta guerra de sexos que acaba convirtiéndose en una trifulca más rancia y testosterónica que un simposio de «gangsta-raperos». A saber: dos figurones televisivos, pija ella cromañonesco él, juegan a «Pigmalión» con resultados telegrafiados y final en globo. Algunos gags hacen gracia rijosa, pero la química primordial entre actores no cuajaría ni aunque Heigl se disfrazase de espartana o Meg Ryan (esto lo intenta). Lo más gracioso, imaginarse a Bibiana Aído entrar de estrangis a ver esta ración de almejas machas rebozadas en arena.