Lola Baldrich, entre Jimmy Castro y Gonzalo de Castro
Lola Baldrich, entre Jimmy Castro y Gonzalo de Castro - CNTC

«El banquete», manifiesto por el imaginario

La Compañía Nacional de Teatro Clásico presenta un espectáculo en el que sienta a la mesa a actores y espectadores

Actualizado:

La Real Academia Española define la palabra simposio como «conferencia o reunión en que se examina y discute determinado tema». Sin embargo, para los griegos antiguos un simposio era un banquete -literalmente significa «beber en común»- en el que se seguía un ritual: primero se comía y después, con el estómago lleno, los comensales bebían y debatían sobre los más diversos temas. Explica Catherine Marnas, co-directora, junto a Helena Pimenta, de «El banquete», el nuevo trabajo de la Compañía Nacional de Teatro Clásico: «Esta celebración propia de los antiguos griegos asociaba amistad y cultura. Al final de la comida, hacía aparición el vino y, en una suerte de competición, se sucedían los brindis, las canciones y los discursos».

Es precisamente Catherine Marnas, directora del Théatre National de Bourdeaux en Aquitaine, quien hace tres años creó en su teatro «Le banquet fabulateur». Para ello se basó en un ensayo de Nancy Huston, «La especie fabuladora». «El espectáculo -explica Marnas- es un concepto, una forma, que nace del deseo de compartir el teatro de una forma diferente».

Y, efectivamente, «El banquete» es un espectáculo singular, ya que los espectadores (algo menos de un centenar) no ocupan butacas, sino que se sientan a la mesa compartiendo el espacio con los actores, que son Lola Baldrich, Pablo Béjar, Jimmy Castro, Gonzalo de Castro, Aleix Melé y Manuela Velasco. «Se trata de una fiesta con el público», aclara Marnas. «No hay interacción con los espectadores, ni se les pide que intervengan...», acota Helena Pimenta.

Gonzalo de Castro
Gonzalo de Castro

La chispa del espectáculo es la estrecha relación entre las instituciones teatrales francesa y española, que ha cristalizado ya en otros proyectos anteriores. Catherine Marnas argumenta que «el teatro en Francia mira mucho hacia el Norte, y yo creo que debemos mirar más al Sur; de hecho, pienso que el futuro esá en el continente latinoamericano. Europa se está hundiendo como el Titanic».

La directora francesa habla abiertamente de «El banquete» como de «un manifiesto sobre el imaginario». Le molestó escuchar en una ocasión que haber llegado a los cincuenta años y no tener un rólex era un fracaso. Acudió entonces al libro de Nancy Huston, y allí encontró el consuelo de unas páginas que le reafirmaban en que «la cultura es la base del ser humano; no es un lujo, es una necesidad». Añade Helena Pimenta que es «un homenaje a los actores». «Un brindis al teatro y a sus intérpretes», especifica Gonzalo de Castro. Y Lola Baldrich amplía la explicación: «Es un alegato contra el cinismo; un canto a la inocencia... con un punto gamberro».

Si Catherine Marnas utilizó para su espectáculo textos de toda la historia de la literatura, «El banquete» se ha ceñido a nuestro teatro clásico. Helena Pimenta ha recurrido a Álvaro Tato, que ha espigado en nuestros autores áureos -y en algún otro- para crear «un viaje, no un conjunto de fragmentos». Por el espectáculo desfilan piezas de «La Celestina», «Don Quijote de la Mancha», «La vida es sueño», «La dama boba», «El caballero de Olmedo», «El burlador de Sevilla» y «Don Juan Tenorio», entre otros textos españoles, junto a «Hamlet», «Romeo y Julieta», «El avaro», «El mercader de Venecia», «Edipo Rey» o «Macbeth».

Concluye Helena Pimenta: «En la imaginación cristalizan nuestros deseos, nuestros miedos, nuestras esperanzas. La importancia de los sueños parece diluirse en esta sociedad materialista, heredera de las luces y sombras de la Razón ilustrada; por eso nos parece tan oportuno reivindicar hoy el imaginario, dar vida y cuerpo a los fantasmas y espíritus que nos hablan».