Sergio Bernal y Débora Martínez, en «Fantasía Galaica»
Sergio Bernal y Débora Martínez, en «Fantasía Galaica» - James Rajotte

El homenaje a Antonio Ruiz Soler del Ballet Nacional, suspendido por huelga

Los paros convocados se han mantenido y el telón del teatro de la Zarzuela no ha podido levantarse

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El estreno del homenaje a Antonio Ruiz Soler que ha preparado el Ballet Nacional ha tenido que suspenderse. Los paros convocados por sus artistas para protestar por su situación laboral se han mantenido y el telón del teatro se la Zarzuela no ha podido levantarse.

A las ocho y cinco, los bailarines, maquillados -y muchos de ellos con los ojos bañados en lágrimas-, se reunieron en la puerta de la Zarzuela para pedir disculpas al público reunido allí y justificar su decisión. Las palabras de su representante fueron recibidas con aplausos generalizados, aunque varias personas manifestaron su disconformidad. Los artistas del BNE han convocado paros parciales para reclamar del Inaem (Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música), dependiente del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, una solución a la situación de sus contratos, que piden sean indefinidos. El Ministerio, por su parte, alega tener las manos atadas por la actual situación política.

Pocos artistas han sido tan relevantes en la danza española como Antonio Ruiz Soler, un artista al que no hacía falta añadir apellidos a su nombre; era, simplemente, Antonio «el bailarín». Fue, sin ninguna duda, la estrella más luminosa en un período de enorme brillantez para nuestro baile, al que trajo aires nuevos. Antonio Ruiz Soler, que falleció hace veinte años (el 5 de febrero de 1996), fue durante una breve y convulsa etapa, de 1980 a 1983, director del Ballet Nacional de España. «Antonio es una de las grandes figuras de la danza española -destacaba el actual director del BNE, Antonio Najarro- por su calidad artística y coreográfica, por su capacidad de riesgo, y por la difusión que hizo de nuestra danza en todo el mundo».

El programa que iba a presentar la compañía en el teatro de La Zarzuela incluía cinco coreografías que, según Najarro, muestran todos los estilos de la danza española. «Eritaña», una pieza de escuela bolera de 1960 sobre la música de Isaac Albéniz para su suite «Iberia»; «Taranto», un fragmento de «La taberna del toro», un espectáculo flamenco que Antonio estrenó en Londres en 1956; «Zapateado de Sarasate», un solo masculino lleno de virtuosismo, y que Antonio bailó por primera vez en México en 1946; «Fantasía galaica», una estilización del folclore gallego creada por Antonio en 1946 sobre la partitura de Ernesto Halffter; y «El sombrero de tres picos», coreografía emblemática del bailarín -y de la danza española- sobre la música de Manuel de Falla, y que vio la luz en 1958.

La Orquesta de la Comunidad de Madrid, bajo la dirección de Manuel Coves, acompañaba en estas funciones al Ballet Nacional. Sergei Malboroda (violín) y Coni Lechner (piano) intervenían en el «Zapateado de Sarasate», mientras que la mezzosoprano Cristina Faus cantaba en «Fantasía galaica» y «El sombrero de tres picos». Entre los bailarines solistas, figuran Aloña Alonso, Sergio Bernal, Débora Martínez, Esther Jurado, Mariano Bernal, Francisco Velasco, José Manuel Benítez, Eduardo Martínez, Miriam Mendoza e Inmaculada Sánchez,

«Homenaje a Antonio Ruiz Soler» no es un simple ejercicio de nostalgia ni el reconocimiento (que también lo es) a un artista irrepetible y no suficientemente recordado, sino la recuperación y puesta al día de parte del patrimonio del Ballet Nacional de España y, por tanto, de la danza española. «Las coreografías de Antonio Ruiz Soler forman parte del legado de la compañía, y entre mis obligaciones como director está la de cuidar ese legado; la única manera en que puede cuidarse es presentarlo en las mejores condiciones posibles al público y, especialmente, a las nuevas generaciones que no han tenido la oportunidad de conocer a Antonio ni sus coreografías».

El director del BNE, una de cuyas líneas de trabajo es, precisamente la recuperación y consolidación del repertorio, asegura que todas y cada una de las piezas que componen este homenaje son obras maestras. «En su montaje hemos contado además con la colaboración de artistas que trabajaron codo con codo con Antonio, como Carlos Vilán o Carmen Rojas», que han trabajado respectivamente en el «Zapateado» y en el «Taranto».