Arantxa de Juan, como Anna Magnani
Arantxa de Juan, como Anna Magnani - Luis Malibrán

Anna Magnani recibe en casa

Arantxa de Juan interpreta a la legendaria actriz italiana en un monólogo en su propio domicilio

MadridActualizado:

El 31 de agosto de 1973 moría John Ford. Ese día, la actriz Anna Magnani, uno de los mitos de la historia del cine italiano, sufría en su casa, aliviada por la morfina que le dispensaba una enfermera, los dolores del cáncer de páncreas que obligaría a hospitalizarla y que acabaría con su vida unos días más tarde, el 26 de septiembre, a los 65 años.

Ese es el marco en el que Arantxa de Juan sitúa « Magnani aperta», una pieza en la que rinde homenaje a la actriz italiana; un homenaje íntimo y personal, ya que se lo rinde en su casa, que abre los jueves y los sábados a una veintena de espectadores.

«Yo sentía una gran admiración por Anna Magnani -explica Arantxa de Juan-, pero fue hace unos años, cuando estaba trabajando en Nueva York con Susan Batson, coach de actores como Nicole Kidman o Juliette Binoche, cuando surgió la idea. Ella me decía que yo sería una intérprete perfecta de Anna Magnani».

Arantxa de Juan comenzó entonces su trabajo de aproximación a la protagonista de películas como «Roma, ciudad abierta» o «La rosa tatuada». Quedó enamorada de ella, y quiso llevar su vida a escena. «Leí muchísimo sobre ella, casi todo en italiano, y hablé con varios guionistas, pero finalmente me decidí a contar la historia de la Magnani desde mi punto de vista».

¿Y por qué en su propia casa? «Es el lugar ideal para esta función, no solo por la cercanía sino porque se puede respirar mejor su espíritu que en un teatro más convencional», explica. Para transformar su casa en la mansión de Anna Magnani en Roma ha contado con la colaboración de Manu Berastegui, que se ha encargado de la escenografía, el atrezzo y el vestuario; y del pintor Darío Álvarez Basso.

El monólogo -a Arantxa de Juan le acompaña Virginia Lázaro, que interpreta a la enfermera- acerca la figura de Anna Magnani a través de distintos aspectos de su vida: su relación con su hijo Luca, al que tuvo interno en Suiza, enfermo de poliomelitis, durante varios años: su reacción al ganar el Oscar a la mejor actriz por «La rosa tatuada»; su amistad con John Ford o Tennessee Williams; su pelea por tener el mismo sueldo que las estrellas masculinas; sus amores, y especialmente su amor por Roberto Rossellini, que la abandonó para casarse con Ingrid Bergman...

«Anna -dice Arantxa de Juan- nunca ejerció de víctima. Supo defender su dignidad con uñas y dientes y disfrutó de los placeres de la vida. Amante del vino, de los coches caros y de los hombres, exprimía sus días con la avidez y el gran sentido del humor de quien conoce la tristeza y la miseria».