El amor deshonesto de Lolita

La actriz protagoniza «Fedra», con texto de Paco Bezerra y dirección de Luis Luque

MadridActualizado:

Fue uno de los más aplaudidos montajes del pasado festival de teatro clásico de Mérida, creado por y para su protagonista, Lolita Flores, a quien se le ocurrió decirle una noche al productor -y director del citado certamen- Jesús Cimarro que a ella le gustaría encarnar a esta mitológica mujer. Dicho y hecho. Cimarro puso en marcha el engranaje: encargó a Paco Bezerra un texto en el que actualizara la tragedia de Eurípides (titulada «Hipólito») y llamó a Luis Luque -que forma un magnífico tándem con el autor- la dirección del espectáculo. Rodeó a Lolita un reparto compuesto por Juan Fernández, Críspulo Cabezas, Eneko Sagardoy y Tina Sáinz. El equipo artístico lo completaban Monica Boromello (escenografía), Juan Gómez-Cornejo (iluminación), Mariano Marín (música), Almudena Rodríguez Huertas (vestuario) y Bruno Praena (video escena).

La producción acaba de desembarcar en el teatro de La Latina, donde estará hasta el 30 de septiembre. Luis Luque, su director, confiesa que sintió vértigo cuando Jesús Cimarro le encargó este montaje. «Es asomarte al abismo, porque la herencia de “Fedra” es muy pesada. Se trata de la primera tragedia clásica, y aunque la historia estuviera reescrita, no deja de estar en el imaginario colectivo».

Luis Luque
Luis Luque

El primer mordisco al mito de Fedra fue darle humanidad, «despojarlo de su carácter de víctima de los dioses, quitarle el abrigo de la historia». Quería Luis Luque, precisamente por la mochila de las muchas puestas en escena de «Fedra» que han precedido la suya, encontrar su propio punto de vista. Con la ayuda del libreto de su amigo Paco Bezerra (su autor de cabecera y, dice Luque, «uno de los mejores dramaturgos españoles de nuestros días), lo encontró a través de la visceralidad del personaje y de la poesía del texto donde, asegura Luque, aparece incluso el carácter lorquiano. «Cuando estoy trabajando en alguna producción, suelo leer poesía para imbuirme de ese ambiente». De ella extrajo Luque para su «Fedra» una de sus notas dominantes: la Naturaleza.

Un volcán y un bosque son los referentes naturales en esta «Fedra» de «pasiones fulgurantes», según expresión del propio Luis Luque, que define al personaje titular como «una mujer obsesiva, camino de la enfermedad», que conecta muy bien con el público. «Todos hemos tenido la mancha del amor, que es muy dolorosa. Tanto que a menudo nos hace enfermar hasta el punto de no tener ganas de levantarte de la cama». Y eso, precisamente, es lo que le pasa a Fedra, una mujer, dice el director, «enferma de amor y de obsesión, que cuando se nos presenta en escena se ha rendido ya. Se ha enamorado de su hijastro, Hipólito, en lo que se considera un amor deshonesto, pero ella, en un acto de valentía -un valor añadido en esta mujer- lo defiende. Fedra es una mujer audaz, potente, con una fuerza irreprimible como la del volcán que preside la escena».

No recuerda Luis Luque cómo surgió la idea de que el centro de la escenografía fuera un volcán, pero se reveló, relata, «como un generador de símbolos. Representa la explosión misma, es también el órgano femenino de donde venimos todos, y finalmente es una chimenea que muestra el hueco que deja el corazón».

Aunque parezca una perogrullada, no se puede hacer «Fedra» sin Fedra; es decir, sin una intérprete con la calidad y el carisma suficiente para afrontar el mito. Luis Luque la ha tenido en Lolita, de la que confiesa haberse enamorado. «Es un pedazo de ser humano y de actriz -asegura-. Como intérprete es extraordinariamente dúctil y disponible. No me ha dicho a nada que no. Le dije que no iba a salir guapa y no le importó. A pesar de eso, ella aparece bellísima y poderosa. Lolita no actúa, Lolita lo hace. Estoy deseando volver a trabajar con ella», concluye el director.