Pablo Chiapella, en una imagen promocional de la obra
Pablo Chiapella, en una imagen promocional de la obra - ABC

«Alguien voló sobre el nido del cuco»: payaso y pitbull

La libertad es el corazón de esta obra dirigida por Jaroslaw Bielsk

MadridActualizado:

En noviembre de 1963, Dale Wasserman estrenaba en Nueva York su obra «Alguien voló sobre el nido del cuco», con Kirk Douglas como protagonista. En 1975, Milos Forman llevaba este título al cine, en una película que contó con Jack Nicholson como protagonista y que obtuvo cinco Oscar. Y en un viaje de ida y vuelta, es una productora cinematográfica, La Dalia, la que cruza la línea y presenta su primera producción teatral: «Alguien voló sobre el nido del cuco». La dirección es de Jaroslaw Bielsk, que hace quince años ya montó la obra por primera vez en España.

En su estreno en Broadway –eran otros tiempos– participaban veintidós actores. La osadía de la productora española no llega a tanto, pero es también grande. Quince actores componen el reparto del montaje: Pablo Chiapella, Alejandro Tous, Mona Martínez, Niko Verona, Emilio Gómez, Manuel Tiedra, Manuel Teódulo, Carmen Ibeas, Javier Sáez, Rodrigo Poisón, Fernando Tielve, Sergio Pozo, Ramón Valles, Chechu Moltó e Iris Rico. La escenografía es de Laura Lostalé; el diseño de iluminación y vídeo (el audiovisual tiene una notable presencia en el montaje) los firma Felipe Ramos, el vestuario es de Almudena Bretón y Fede Pouso, y la música de Luis Prado.

Pablo Chiapella –que, junto a Rodrigo Poison, participó en el montaje de hace tres lustros– interpreta a Rondie McMurphy, el preso que se las ingenia para ingresar en el centro psiquiátrico, que él revoluciona. El actor, popular por su papel en la serie «La que se avecina», es consciente de que apostar por él para este personaje es, cuando menos, «arriesgado». De McMurphy dice que «es un hombre libre, que se ha hecho a sí mismo, que no está atado a convencionalismos. Está dispuesto a perder la salud por mantener la libertad; es alegre, con un gran sentido del humor, pero puede en un segundo volverse agresivo. Es al tiempo un payaso y un pitbull».

Y es que la libertad es el corazón de «Alguien voló sobre el nido del cuco». «La obra, a pesar de tener cincuenta y cinco años –dice Jaroslaw Bielski–, sigue joven, incluso tiene mayor vida ahora en que estamos sometidos a un poder inexistente como el de las redes sociales que nos marca lo que tenemos que hacer. La obra habla sobre la libertad y el miedo que tenemos a afrontar lo que supone esa libertad».

Asegura el director que el montaje es completamente nuevo, básicamente porque los actores son nuevos y por el escenario en el que se representa. «Se presenta en un tiempo indefinido, y hemos quitado las referencias temporales y locales». «La idea –dicen los responsables de la producción– es modernizar el concepto estético de la obra, aportando una visión más próxima a la sociedad actual, con una escenografía aséptica y cierto diseño minimalista. La propuesta artística huye de las referencias pasadas de los años setenta, y es que ahora el espacio escénico perturba a los internos y al público a través de su extrema pulcritud de luz blanca y orden obsesivo, rozando con la paranoia, para otorgar así todo el protagonismo a los actores. Son ellos quienes aportan el caos frente al orden supremo haciendo más chocante aun el contraste entre su locura y la integridad de la institución que los vigila».