Una escena de «7 años»
Una escena de «7 años» - Nacho Sierra
CRÍTICA DE TEATRO

«7 años»: hacer fácil lo difícil

Daniel Veronese dirige a Miguel Rellán, Carmen Ruiz, Eloy Azorín, Juan Carlos Vellido y Daniel Pérez Prada

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¡Qué fácil es hacer buen teatro cuando se tienen los ingredientes adecuados! O, por lo menos, qué fácil parece. Y cómo agradece el público una buena función de teatro como es «7 años», que se basa en una reciente película dirigida por Roger Gual, sobre guión de José Cabezas.

Cuenta la obra la historia de cuatro socios de una empresa moderna, relacionada con el sector tecnológico. Hacienda ha descubierto sus fraudes y en cuestión de horas la Policía vendrá para detenerles. Su abogada les ha recomendado que uno de los cuatro se convierta en cabeza de turco y pague por todos con los siete años de cárcel que le espera; para decidir cuál de los cuatro, la abogada enviará a la oficina a un mediador.

«7 años» es una pieza contemporáneamente clásica, una pieza basada en tres pilares: texto, dirección e interpretación. Los tres están a la misma altura. El guión de José Cabeza, adaptado con sabiduría por Veronese, reviste de actualidad, en un ambiente muy reconocible, el de la cultura del «pelotazo» y el de la corrupción, actitudes y relaciones perennes, con personajes con los que podemos tropezarnos en cualquier momento, y con los que que seguro que nos hemos tropezado. La virtud del texto es irles descubriendo poco a poco. Sus miserias, sus secretos, sus mezquindades. La basura que esconden bajo la alfombra bajo una apariencia de armonía, que se desmorona en cuanto aparece un problema. Son las distintas caras de una misma monedas; unos y otros viven sobre un castillo de naipes, y el mediador, con su socarronería y su aparente apacibilidad, se convierte en una bomba de relojería.

El argentino Daniel Veronese lleva a la práctica esa máxima que dice que la mejor dirección es la que no se nota. Y es que se acompasa al ritmo interno del texto -a veces previsible- y deja que sea él y los actores quienes construyan la función. De los cinco intérpretes destaca, por jerarquía y naturalidad, Miguel Rellán; es uno de esos actores a los sienta bien cualquier personaje que encarna, y que tiene la virtud de hacer que parezca fácil lo que en realidad es muy difícil, lo mismo que el buen teatro.