Irene Escolar, en una escena de «El público»
Irene Escolar, en una escena de «El público» - teatro de la abadía

Irene Escolar: «Estoy enamorada de Lorca»

La actriz interpreta a Julieta en el montaje de «El público», que dirige Álex Rigola y que se estrena en el teatro de La Abadía

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Federico García Lorca tiene algo que ver con que Irene Escolar decidiera ser actriz. «Actuar es el motor de mi vida», dice convencida. Con nueve años se subió por primera vez al escenario para interpretar a una de las niñas en «Mariana Pineda». «Y dije que de ahí ya no me sacaban nadie», recuerda la actriz, que vuelve ahora, tres lustros después, a Lorca. Ella es Julieta en la nueva producción de «El público», el oscuro y misterioso texto póstumo del poeta granadino, que el miércoles se estrena en el teatro de La Abadía, con dirección de Álex Rigola.

A «El público», obra que Lluís Pasqual definió como «un vómito» con el que García Lorca sacó todo lo que tenía dentro, no puede llegarse por los caminos tradicionales. Irene Escolar : «La primera vez que la leí fue como un huracán de emociones, pero muy difícil de comprender; tuve que leerla cuatro veces para llegar a oler y sentir por donde iba la historia». Un taller, varios libros y el proceso de ensayos sobre el teatro imposible de Lorca le ayudaron a comprender el simbolismo de la obra, en la que lleva sumergida ya cerca de un año: «No es una obra surrealista; tiene ecos del surrealismo, del dadaísmo, de Cocteau, de todo lo que vivió en Nueva York y en Cuba...»

Tiene ya claro Irene Escolar lo que dice y necesita su personaje, Julieta. «Lorca la reinterpreta y la hace salir del sepulcro para pedir auxilio, porque quiere volver a vivir, volver a sentir y, sobre todo, volver a amar. Está metida en una especie de pesadilla de la que no puede salir y se encuentra desesperada y angustiada. A través del Caballo blanco ella pierde su inocencia por completo; ella es la imagen del amor verdadero, el que sentía por Romeo, pero la aparición del Caballo blanco hace que todo se transforme en erotismo. Y aunque ella rechaza ir a ese lugar al que la quiere llevar, en el fondo siente la pasión y la necesidad sexual, que intenta reprimir pero está ahí».

Dejarse llevar

Los espectadores no pueden hacer (no tienen por qué) el trabajo de análisis que han hecho el director y los actores. Rigola espera que los que vayan al teatro «viajen y se dejen llevar», «No creo que el propósito de los espectadores sea entender la obra -apunta Irene Escolar-; no hay una historia que seguir como en una función con un argumento lineal... Pero sí va a captar la esencia y se va a quedar con muchas imágenes, con ráfagas de belleza y de muchísima emoción; más incluso que en otra función más sencilla de entender y seguir. Es una obra que va directamente a los sentidos; es un grito desde el alma de Lorca, un vómito de todo lo que llevaba dentro. No hay una sola palabra en esta obra que no esté llena de belleza y no te ponga los pelos de punta».

Irene Escolar habla de García Lorca con afecto, casi con el cariño que se le dispensa a alguien de la familia. «Siempre me ha despertado una gran empatía y emoción; hay algo curioso en él, es como si le conociera, como si formara parte de mi vida, y creo que es por el alma y el corazón que pone en todo lo que escribe. Y me impresiona la vigencia de todas sus obras: “El público” podría haber sido escrita ayer... ¿Cómo es posible que fuera tan adelantado a su tiempo, tan moderno, llegara a entender de esa manera al ser humano y lo supiera expresar? Dicen que era una figura de la que todo el mundo se enamoraba... Aunque no le conocí, sí que hay algo dentro de mí que está enamorada de él. Puedo ver una foto suya sonriente y pasarme horas contemplándola con una sonrisa».

Felicidad

Admite Irene Escolar ser perfectamente consciente de lo que le está suponiendo para ella esta función, este «viaje». «Llevo ya un año con este texto, con los versos y el personaje dentro de mi cabeza. No he dejado de pensar en la función, y soy consciente de que formo parte del reparto de un montaje que va a ser un hito». Tambien tiene conciencia de lo que esta experiencia la está modificando como persona. «Lo vivo cada tarde cuando vengo a ensayar. «Es difícil de explicar, pero tengo una sensación como de felicidad completa; no hay otro montaje en el que me gustaría estar ahora mismo, ni otro personaje que me gustaría interpretar, ni querría escuchar el texto que escucho en los ensayos cada día... Estoy segura de que recordaré esta producción como uno de los momentos más felices de mi vida».