José María Pou (en el centro) y el resto del reparto de «Sócrates»
José María Pou (en el centro) y el resto del reparto de «Sócrates» - jero morales

José María Pou triunfa en Mérida con su encarnación de Sócrates

El público ovacionó, puesto en pie, el montaje dirigido por Mario Gas

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«No pienso decir otra cosa que la verdad» afirma Sócrates, firme y digno. Está sentado en el centro de la Asamblea de Ciudadanos que le va a juzgar; se le acusa de corromper a la juventud, de no creer en los dioses de Atenas y de proponer nuevos dioses. Se solicita para él condena de muerte; él mismo habrá de ingerir cicuta para terminar con su vida.

Sócrates es uno de los grandes nombres de la historia de la filosofía. Nació, vivió y murió en Atenas en el siglo V a. C. Fue maestro de Platón, que a su vez lo fue de Aristóteles. Pronunció -aunque la función lo cuestiona- la célebre frase «Solo sé que no sé nada». Y Sócrates se ha subido al milenario y formidable escenario del teatro romano de Mérida encarnado por José María Pou. «Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano» es el título de la obra, escrita por Mario Gas -director además del espectáculo- y Alberto Iglesias a partir de textos de Platón, Jenofonte, Diógenes, Laercio y Aristófanes. Junto a Pou, intervienen Carles Canut, Amparo Pamplona, Pep Molina, Borja Espinosa, Ramón Pujol y Guillem Motos. La escenografía -perfectamente encajada en las piedras emeritenses- es de Paco Azorín, el vestuario de Antonio Belart y la iluminación de Txema Orriols.

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No puede ser el estreno de «Sócrates» más oportuno, con Grecia como centro de todas las miradas. La obra, cuenta José María Pou, «viene a reflexionar sobre las ventajas e inconvenientes de las democracias, y sobre los peligros de la inestabilidad; de aquellos que quieren cargarse la democracia y de aquellos que son víctimas de democracias malentendidas. Muchas de esas cosas están en el texto...»

El espectáculo, directo, seco y despojado, en el que la palabra y el pensamiento se erigen en protagonistas, trata de reproducir el juicio al que fue sometido Sócrates en el año 399 a. C., que se conoce fundamentalmente a través del testimonio de Platón y de sus «Diálogos». «Es un espectáculo personal de Mario Gas, que tiene su sello -explica su protagonista-; es reivindicativo, un tanto brechtiano incluso, en el sentido de esos espectáculos tan frecuentes en los años setenta y ochenta, en los que marcábamos un distanciamiento». El público, por otra parte, «se convierte desde el inicio en los espectadores reales del juicio de Sócrates».

Ese público -algo menos de dos mil personas- ovacionó puesto en pie el estreno de la función, que tras su estancia en Mérida se presentará en Barcelona -primero en el marco del festival del Grec y después en la temporada del teatro Romea- antes de iniciar una gira que les llevará a Madrid, al Matadero, en febrero de 2016.

La figura y la voz imponentes de José María Pou, vestido de blanco -todo el vestuario está dominado por este color-, su oficio y probada categoría, se yerguen en medio de un reparto en el que destacan también Carles Canut y Amparo Pamplona («¿por qué está tan desaparecida esta actriz magnífica?», se escuchaba en los pasillos del teatro romano). «Hace diecisiete años que no actuaba en Mérida», decía tras la función la actriz, muy aplaudida tras el monólogo de Jantipa, la mujer de Sócrates.

La función tiene, según José María Pou, «la intriga del género de juicios, y se sigue casi de una manera policíaca, aunque se conozca el final». Pero es fundamentalmente, y ahí radica su peso, teatro de ideas. El texto, en el que se critican «la corrupción, la ocultación, la partitocracia, algo muy antiguo» está salpicado de frases solemnes, de sentencias. Un ejemplo: «Sé que soy un minúsculo guijarro pensante -dice Sócrates al principio de la obra- que ama y desea el sol que nos da calor y la claridad del día azul salpicada de blancos algodones». «Hay una reflexión, no tanto sobre la figura del Sócrates filósofo y pensador, que también -explica Pou-, sino más sobre la figura del Sócrates ciudadano y comprometido co las leyes de la democracia. La aportación de este espectáculo es que convierte a Sócrates en un personaje de tragedia teatral, que puede formar parte del repertorio junto a los grandes trágicos: Edipo, Agamenón, Orestes... Es un personaje al que condenaron a muerte para intentar acallar su libertad de pensamiento sobre todo, pero que, pudiendo haber evitado la muerte con sobornos, aceptó la condena con todas sus consecuencias por no devaluar el valor de la democracia. Él decía que si le habían condenado a muerte por las leyes de una democracia en la que creía y que respetaba, no podía burlarse de esas mismas leyes escapándose».