Jeannine Mestre y Juan Pastor, en el Teatro Español
Jeannine Mestre y Juan Pastor, en el Teatro Español - ISABEL PERMUY

La magia de Joan Didion se instala en el Teatro Español

Juan Pastor dirige a Jeannine Mestre en la adaptación de «El año del pensamiento mágico», libro con el que la autora logró el National Book Award

INÉS MARTÍN RODRIGO
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Quintana Dunne, la única hija de la escritora estadounidense Joan Didion (Sacramento, 1934), murió a finales de agosto de 2005. Unas semanas después, la autora decidió aceptar la oferta del productor Scott Rudin de llevar al teatro su libro «El año del pensamiento mágico», en el que Didion trataba de enfrentarse a la pérdida de su marido (John Gregory Dunne falleció el 30 de diciembre de 2003) y a la enfermedad de su hija. Ambos se pusieron en contacto con el director británico David Hare, quien, sin dudarlo, se embarcó en el proyecto respondiendo a la proposición de Rudin con una frase de «Ciudadano Kane»: «Genial. Será divertido». Hare y Didion se conocieron una fría mañana de invierno de 2006, en las oficinas de la productora en Nueva York, y estuvieron trabajando más de un año.

Desde el comienzo, la escritora tuvo claro, como ella misma reconoció, que «no podía hacerlo sin incorporar la muerte de Quintana», por lo que en el texto dramático se añadió una parte final, que no aparece en el libro, con el fallecimiento de su hija. La obra se estrenó, finalmente, en el Booth Theatre de Broadway el 29 de marzo de 2007, con la actriz británica Vanessa Redgrave interpretando a la propia Didion. Poco más de un año después (el 25 de abril de 2008), «El año del pensamiento mágico» pudo verse en el National Theatre de Londres; entre el público, en una de las funciones londinenses, se encontraban, una noche, el director teatral Juan Pastor y su mujer, Teresa Valentín-Gamazo. Tras la función, se quedaron «clavados en la silla» y, al salir, tuvieron claro que tenían que montar la obra en España y que Jeannine Mestre «tenía que hacer el personaje».

Hasta el 14 de junio

Así fue como Guindalera Teatro puso en marcha la adaptación teatral de «El año del pensamiento mágico», obra que el miércoles se estrenará en la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español, donde podrá verse hasta el 14 de junio. Pocos días antes del debut, director y protagonista se muestran satisfechos del trabajo realizado y esperan, nerviosos, la acogida del público. «Temo su reacción. Pienso que exige un público especial. El peligro está en si el público participa, o no, en el relato, en lo que se le está contando, porque como estamos acostumbrados a ver espectáculos en los que te lo dan todo hecho y tú no pones parte de ti mismo...», confiesa Juan Pastor en la cafetería del Español.

Pero, como replica Jeannine Mestre, «hay cosas que hay que hacer». Y si alguien podía afrontar el reto de dirigir en España el intenso (e inmenso) monólogo de Joan Didion, ese era Pastor. «¿Cómo iba a decir que no? Era fundamental hacer esto con una persona muy determinada, por la profundidad del hecho actoral, radical, sin trampas, trabajando de una manera, con esa dirección sobre la línea de pensamiento», cuenta la protagonista, a quien el director describe como alguien con «una calidad o cualidad especial, que no se encuentra mucho en las actrices españolas: tiene clase, tiene elegancia… Y hacía falta eso».

Pastor y Mestre llevan más de tres meses de lecturas, ensayos y profundización en un texto que Joan Didion escribió para afrontar los cambios que la vida conlleva y que, sin pretenderlo, cambia la vida de todo el que lo lee. «La primera vez que yo me enfrenté al texto, para mí fue un bálsamo. En mí siempre ha pesado mucho el sentimiento de pérdida. Yo creo que en el espectador, aunque el texto es duro, va a producir esa especie de bálsamo», asegura el director. Está claro que la (supuesta) línea argumental discurre a través del duelo, de la ausencia del ser querido y el intento por asimilar esa pérdida sin caer en la locura, pero la obra es mucho más que eso.

Choque emocional

«Cuando hay un cataclismo de esa forma, cuando estás acostumbrada a ver la vida a través de los ojos de otra persona y desaparece, eso ya no es sólo un choque emocional; es que hay una serie de conceptos que cambian por completo. Te cuestionas desde lo que es la enfermedad, la vida, la muerte, el umbral entre la locura y la cordura… Te enfrentas con el sinsentido de la vida», reflexiona Pastor. En esas circunstancias, pese a estar trabajando con un material de (supuesta) ficción, la implicación actoral es tan fuerte que la emoción se desborda. «El texto ha sido muy difícil para mí trabajarlo, mucho más difícil que Shakespeare, que Ibsen, que lo que he hecho –confiesa Mestre-. Hubo un momento que hubo como un colapso en mí. Me quedé bloqueada por la intensidad de ciertas partes que me tocaban tremendamente. Lloraba, lloraba…».

Pero, con la ayuda del director, «con el trabajo y sus reflexiones», la actriz ha evolucionado y ahora se enfrenta «con otra mirada a las cosas». Pese a la narrativa aparentemente fría de Joan Didion, certera, cinematográfica, usando la palabra como bisturí, Juan Pastor considera que «hay un subtexto tremendamente cálido, eso es lo bonito». El texto, de hecho, te lleva a una puesta en escena muy limpia, muy pura. «No hay línea de acción aparente –explica el director–, hay una línea de pensamiento muy poderosa y el conflicto dramático está fuera de escena».

El mar y el amor

Todo está al servicio del texto y la única concesión que se ha permitido Pastor es la incorporación de un fondo, que es un mar, y que aparece y desaparece: «Para mí, el mar siempre ha sido el símbolo del amor. Creo que si alguna vez me suicido será en el mar, dejándome arrastrar por las olas. El sonido del mar te lleva a esa especie de melancolía que te va arrastrando…». Es curioso que ese azul, intenso y mediterráneo, que Juan Pastor imaginó para la adaptación teatral de «El año del pensamiento mágico» esté, también, presente en el título de la novela que Joan Didion escribió sobre la muerte de su hija: «Noches azules» (Literatura Random House).

Puede que la coincidencia se deba a ese poder que, según el director teatral, «uno se asigna a sí mismo» para «cambiar los acontecimientos». Al fin y al cabo, fue eso lo que Joan Didion hizo; lo que hacemos todos, porque... «la vida cambia rápido. La vida cambia en un instante. Te sientas a cenar, y la vida que conoces se acaba».