Nancho Novo y Beatriz Bergamín, en un momento de «Salvator Rosa» - david ruano

Francisco Nieva regresa a escena con el estreno de «Salvator Rosa o el artista»

El Centro Dramático Nacional rescata la obra, escrita hace más de cuarenta años, y que nunca ha visto la luz

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De sátira del poder y reflexión sobre sus relaciones con la creación califica Ernesto Caballero, director del CDN, «Salvator Rosa o el artista», una obra que Francisco Nieva escribió en los años setenta, su período más fértil, y que entonces no vio la luz «por cara de montar», según su propio autor. Ahora sube a escena en el María Guerero con dirección de Guillermo Heras y un reparto que componen Isabel Ayúcar, Beatriz Bergamín, Alfonso Blanco, Javier Ferrer, Gabriel Garbisu, Carlos Lorenzo, Ángeles Martín, Juan Matute, Juan Meseguer, Nancho Novo, Sergio Reques, Sara Sánchez, José Luis Sendarrubias y Alfonso Vallejo.

La implantación de nuevos y sofocantes impuestos provocó en 1647 el levantamiento del pueblo de Nápoles; este hecho, reflejado por E.T.A. Hoffmann en el cuento «El signor Formica», inspiró a Nieva. «Me permití la licencia artística de situar a Salvator Rosa en Nápoles, cuando no estuvo allí -reconoce el autor-. Transformo la historia a mi capricho; es un privilegio que tenemos los artistas». Reconoce que se trata de un texto muy denso y muy complejo, y que, en parte, es un autorretrato. «Ciertamente es una declaración de principios. En “Salvator Rosa” me confieso y me pongo en ridículo, me burlo de mí mismo. El artista es el único que sabe jugar con su libertad».

Francisco Nieva es una de las figuras más respetadas y reverenciadas en nuestro teatro. «Maestro de maestros», como lo define Ernesto Caballero, muestra una fragilidad propia de un hombre de 91 años. Le cuesta moverse, no oye bien y tiene la mirada cansada. Pero su cabeza es un torrente de ideas, que derrama a lo largo de la presentación del montaje del CDN con una lucidez pareja a su vehemencia. Está satisfecho con la producción y los intérpretes: «hemos hecho teatro como se hacía hace veinte años».

«Soy un surrealista», espeta en un momento determinado. «Soy un vanguardista que aspiraba a convertirse en un clásico -sigue-; defiendo el riesgo y la revolución de la imaginación. La variedad, el contraste; puedo pensar como un izquierdista en unas cosas y como un derechista en otras. Pero siempre he estado en contra del poder, sea del color que sea».

Cuando se le pregunta que por qué no se estrenó exactamente «Salvator Rosa», responde: «Por cara. Después del estreno de "El Rey se muere" (1964), me convertí en un escenógrafo caro. Pero cobraba. El arte hay que pagarlo», concluye. Es crítico con el teatro español actual: «Va por un camino fácil; no hay una altura de proyectos estéticos, y sí económicos».

Ha estado, revela Nancho Novo, que encarna a Salvator Rosa, en dos ensayos. «En el segundo yo estuve, por una serie de circunstancias, flojo, tirando el texto. Pero Paco se dio cuenta, y al día siguiente me llamó para echarme la bronca». «Es que Salvator está siempre en tensión, se quiere mucho a sí mismo», justifica el autor.

Francisco Nieva habla en la obra de esa gente, «tan frecuente en el arte y la política, que dice: “Eso lo hago mejor yo”», y asegura que el paralelismo entre lo que cuenta la obra y la actualidad está «en la indignación ante la mentira; en la frustración y la desesperanza». Partidario de la «revolución de la imaginación», dice que «las revoluciones nunca terminan bien, porque terminan olvidando la realidad de la calle».