José Luis García Pérez encarna a Don Juan Tenorio - CEFERINO LÓPEZ

Blanca Portillo: «Don Juan Tenorio es un personaje absolutamente deleznable»

La actriz presenta como directora, en el teatro Pavón, su visión de la icónica obra de José Zorrilla

Actualizado:

Blanca Portillo siempre ha pensado que Don Juan Tenorio, elevado por el tiempo a la categoría de mito y héroe nacional, es en realidad un auténtico miserable. Llevaba rumiando su «venganza» contra él y por fin la ha podido llevar a cabo con la puesta en escena de la obra de José Zorrilla en una coproducción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, el teatro Calderón de Valladolid y la empresa de la actriz, Avance Producciones Teatrales, que hoy llega al teatro Pavón, donde estará hasta el 15 de febrero. Juan Mayorga ha escrito la versión del texto, y el reparto incluye a José Luis García-Pérez (Juan Tenorio), Eduardo Velasco (Ciutti), Juanma Lara (Gonzalo de Ulloa), Francisco Olmo (Diego Tenorio / Escultor), Alfonso Begara (Capitán Centellas), Miguel Hermoso (Luis Mejía), Beatriz Argüello (Brígida), Rosa Manteiga (Abadesa) y Ariana Martínez (Inés de Ulloa).

Juan Tenorio (Blanca Portillo prefiere despojarle del «Don») es un burlador; así le llamó Tirso de Molina. Y en dos de las acepciones de la palabra burlar (engañar, inducir a tener por cierto lo que no lo es, y seducir con engaño a una mujer) lo sitúa la directora. «Todo lo que dice es falso; no me creo ni al hombre que se arrepiente por amor. Tenorio mata, viola, compite, no respeta nada... Aun así, en España sigue siendo una especie de héroe». Con este montaje, la directora quiere «cargárselo como modelo».

Para eso le han quitado al personaje «esa pátina de hombre brillante». No ha hecho falta, dice, alterar el texto de Zorrilla. «En él está ese Tenorio destructor, al que yo no quiero cerca de mi. Solo hay que analizar lo que hace y lo que dice». Es una obra inteligente desde un punto de vista teatral, y hay partes del verso bellísimas. Solo había que mirar con los ojos de hoy a este ser absolutamente deleznable, que lo es tanto en la época en que transcurre la obra, el siglo XVI; en el XIX, cuando se escribió, y ahora».

Juan Mayorga, que piensa que éste va a ser un montaje de la obra «importante y recordado», dice que su aportación ha sido «modesta». «Los clásicos -asevera- no hay que reescribirlos, sino releerlos». Porque, argumenta, el adaptador tiene que guardar una doble fidelidad: «Al texto original y al espectador contemporáneo. Y eso provoca tensiones fascinantes». Sobre el texto de Zorrilla, respetado en su mayor parte, dice que es «imperfecto, pero de una admirable teatralidad». Y coincide con Blanca Portillo, en su escasa admiración por Juan Tenorio: «es un personaje oscuro, que pone en peligro a cuantos están a su lado. No es un transgresor ni un hedonista, más bien un psicópata».

Rebelde sin causa

A José Luis García Pérez le corresponde la comprometida papeleta de encarnar al sujeto que despierta a su directora tanta antipatía (el personaje, no el actor, por el que Blanca Portillo siente una confesada admiración; «su Tenorio es memorable», coincide con Mayorga). García Pérez dice de su personaje que es «un rebelde sin causa, y que parece que su último término es destrozarse a sí mismo». Doña Inés, por su parte, está encarnada por Ariana Martínez, a quien la directora encontró en sus visitas a las escuelas de teatro: «Son actores sin contaminar, con una mirada actual, y Ariana le da a su personaje toda la inocencia y la vehemencia adolescente».

El vestuario actual y la música de blues -«la música del dolor»-ayudan a acercar este «Don Juan Tenorio» a nuestros días; «esta imagen no choca con la palabra de Zorrilla, cuyos versos hemos cuidado con verdadera devoción», dice Blanca Portillo, que para el dibujo de su protagonista se ha interesado por sus orígenes: «un ser humano se construye en su infancia, y Tenorio ha tenido que ser educado de algún modo. Y ahí está, claro, la figura de su padre», Curiosamente, no se sabe nada de la madre del burlador, como tampoco aparece en la obra referencia a la madre de Doña Inés. «¿Dónde están? -se pregunta Blanca Portillo-; esa carencia femenina está también en nuestro montaje.