Un momento del ensayo de «Sister Act», en Barcelona
Un momento del ensayo de «Sister Act», en Barcelona - INÉS BAUCELLS

Whoopi Goldberg: «Si los terroristas tuvieran sentido del humor dejarían de serlo»

La actriz estadounidense apadrinó anoche en Barcelona el estreno en España del musical «Sister Act»

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Dice que no le gusta volar y que no se siente cómoda ante las cámaras de los fotógrafos, y las dos cosas las tuvo que hacer Whoopi Goldberg poco después de llegar a Barcelona (aterrizó a las siete de la mañana) para apadrinar, ayer, el estreno en el teatro Tívoli de la versión española del musical «Sister Act», del que ella es una de las productoras, y que está basado en la película que ella misma protagonizó hace más de veinte años. Stage Entertainment y El Terrat son los responsables del montaje, que está protagonizado por Mireia Mambo, Àngels Gonyalons, Fermí Reixach y Silvia Abril. La música es de Alan Menken, un compositor en el que a priori la actriz estadounidense no confiaba para este trabajo. «¿El autor de «La Sirenita»? ¿El que escribió la canción «Debajo del mar» va a escribir la música de «Sister Act»? Cuando la escuché, tuve que pedir perdón...», relata.

Tiene Whoopi Goldberg cara de buena persona. Sonríe mucho, especialmente con la mirada, y habla con placidez, suavemente, con una voz grave y melosa a la que es difícil resistirse. Embajadora de este musical, ha viajado a casi todas aquellas ciudades donde se ha representado -en Londres, incluso, interpretó el papel de la madre superiora durante una breve temporada-. «Me da miedo contar las veces que lo he visto», confiesa riendo.

-¿Cuál fue su participación en la creación de este musical, colaboró artísticamente?

-Fui una especie de consejera, de guía. Y obligué a que la protagonista fuera siempre una mujer negra.

-¿Por qué?

-Hay muy pocos buenos papeles para las mujeres negras, así que me tenía que asegurar de que éste lo fuera.

-Usted ha dicho que este musical no va a cambiar el mundo, pero puede hacer que los espectadores sean felices durante un par de horas. ¿No cree que así sí se cambia un poco el mundo?

-Sí, sí que lo creo. Pero cuando se lo digo a los periodistas no acaban de creérselo, y es mejor decir que tal vez cambie el mundo o tal vez no.

-¿Cuáles son las virtudes de este musical?

-¡Las monjas! Son su esqueleto fundamental y los cimientos del musical. Sin ellas, el personaje de Deloris no funciona,

-Ha dicho también que la obra enseña a no juzgar de antemano.

-La protagonista, Deloris, odia a las monjas únicamente por el hecho deserlo. Y la madre superiora tiene idénticos sentimientros hacia Deloris por lo que representa y lo que se supone que es. Cuando empiezan a hablar, ante todo, son dos seres humanos. Esto ocurre en todo el mundo y en muchos ámbitos de la vida. Tomamos decisiones en base a nuestros prejuicios, y a mí me gustaría que todos nos tomáramos un tiempo en intentar conocer y entender a los demás.

-Una bailaora de flamenco española, Sara Baras, dijo el otro día que si el mundo bailara, sería más feliz...

-¡Claro que sí! No hay nada mejor que ver a los niños bailar, que ver a la personas mayores bailar y que ver a la gente reír. Es contagioso y beneficioso. Si supiéramos todos que durante al menos una hora al día vamos a reírnos o vamos a tener que bailar, iría todo mejor en el mundo.

-¿Y usted se siente mejor cuando ve que los demás ríen gracias a usted?

-Me hace sentir bien, pero me hace sentirme mejor el hecho de que sean capaces de reírse y de que su situación les permita reírse y disfrutar de la risa.

-No hay muchas razones en este mundo para reírse...

-Sí las hay, muchas, pero no las buscamos. No buscamos las razones para ser felices. Mire, no sé si usted conoce una carrera popular que se hace en Irlanda, donde los maridos tienen que llevar a caballito a sus mujeres a través del barro, pasar con ellas por debajo de unas vallas... Es una carrera tan estúpida... Pero a mí me encanta y me hace reír muchísimo. Cualquier cosa que consiga distraerte un poco de la fealdad del día es una buena razón para reírse. Creo que no reírse, no cantar, no bailar, lleva a la gente a morirse antes. Como los terroristas. Si tuvieran sentido del humor, dejarían de serlo. Nunca he conocido un terrorista con sentido del humor, y me gustaría... En el mundo actual la violencia ocupa un lugar enorme, mientras que el del humor es muy pequeño; me gustaría que fuera al revés. El mundo sería un lugar mucho más agradable.

-Usted participa también en muchas actividades humanitarias. ¿No le basta el escenario para hacer bien?

-Cuando era pequeña, mi madre siempre repetía una frase: «Si tienes la suerte de tener un trozo de pan, pártelo por la mitad y dáselo a la familia de al lado, que no tiene nada, porque solo de ese modo esa familia podrá partir su trozo y darle la mitad a otra familia que tampoco tiene nada». Cuando tienes algo estás obligado a compartir. Cualquiera de nosotros puede un día quedarse sin techo o estar enfermo; yo intento dar todo lo que tengo, porque de esa manera sé que, si estoy en una mala situación, Dios me ayudará.

-Todos los personajes, de alguna manera, modifican a los actores. ¿Es consciente de lo que el personaje de Deloris, en «Sister Act», le aportó personalmente?

-Yo ya había cambiado cuando hice la película, y creo que por eso pude hacer este papel como lo hice, porque ya estaba preparada. La vida de Deloris no me ha influido; antes bien, se benefició de la enseñanza de mi madre, que me enseñó cuál es mi lugar en el mundo. Y no solo este personaje, sino otros, como el de Shelly en «El color púrpura».