Toni Servillo, en los teatros del Canal - ernesto agudo

Toni Servillo: «Ni en el cine ni en el teatro actúo de manera mercenaria»

El protagonista de «La gran belleza» presenta en el Canal su montaje de «Le voci di dentro», de Eduardo De Filippo

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Llega a los teatros del Canal con andar parsimonioso y acompañado de un séquito de cinco personas. Lo recibe Ariel Goldenberg, director del festival de Otoño a Primavera, con cierto aire reverencial. Toni Servillo (1959) no solo es uno de los grandes actores europeos; la película«La gran belleza» lo ha convertido en una celebridad. Por eso, las entradas para las funciones de «Le voci di dentro», de Eduardo De Filippo, que él dirige y protagoniza, volaron en cuanto se pusieron a la venta. En unos días se estrenará la película «Viva la libertad», que él protagoniza. Habla saboreando un italiano luminoso y musical, mientras lleva alternativamente de los dedos a la boca un puro que espera el momento de ser encendido.

-¿Que significa Eduardo De Filippo hoy en día?

-Seguramente representa la última expresión de un teatro auténticamente popular, en el sentido noble de la palabra. El público percibía su universo dramático como un mundo en el que reflejarse, y cada vez que escribía una nueva comedia la recibía como una necesidad. El teatro de Eduardo, y así debe ser el teatro, es una forma de arte que ayuda al público a orientarse en la vida; es capaz de contar cosas profundas y de llegar al corazón del hombre sin pesadez intelectual y sin avergonzarse de hacer reír al público.

-¿El teatro hoy en día ha perdido esa capacidad de comunicación con el público?

-Vivimos en un mundo donde tenemos la posibilidad de dar un botón y hacer que el mundo entre en casa. Por el contrario, el teatro es el que llama a la puerta de tu cabeza y de tu corazón para entrar solo dentro de ti, pero en una situación, fascinante, que te permite compartirlo en la misma sala con otras personas que son otros tantos «yo». Por eso tiene algo que hoy resulta escandaloso para la inteligencia, las emociones... y que sigue teniendo fuerza.

-¿Qué tienen que ofrecer el cine o el teatro en estos tiempos de crisis, económica y de valores?

-El teatro puede ofrecer la imagen del hombre desnudo delante de sí mismo, con todo lo que ello conlleva desde el punto de vista emotivo, físico o intelectual. La fascinación del teatro, de sus grandes autores, es revelar al hombre en esta desnudez. Me atrevería a decir que en una desnudez casi evangélica.

-En España hay un auge de un teatro precisamente desnudo e íntimo. ¿Sucede igual en Italia?

-Ha habido experiencias similares. El teatro se puede expresar de modos muy diferentes, todos legítimos e interesantes. Pero su fin es el de formar una asamblea, porque así nació en las grandes civilizaciones. El teatro afecta a muchas personas a la vez, y ahí está su fuerza. Por eso pienso que cuando se pone en escena un texto ha de verse cómo puede servir a la comunidad a la que va dirigido; pero por muchas razones, no solo por su compromiso, sino también por el lado de la diversión. El teatro debe ser útil y necesita esta función social.

-¿Qué momento vive actualmente la cultura italiana?

-Italia vive desde hace años, y de manera especialmente trágica en los últimos veinte, un profundo desinterés en general por la cultura, y particularmente por el teatro, que no tiene réditos electorales ni es una fuente de dinero. Italia es una tierra de talento, no faltan actores ni directores extraordinarios; pero no tenemos un recambio generacional con la capacidad de reinterpretar los grandes textos, que son nuestra herencia. Y eso es un gran problema, porque dentro de un tiempo nos encontraremos con una generación falta de preparación para entender la complejidad de «Hamlet» o de «Misántropo».

-¿Cómo influyen éxitos como el que tuvo usted en «La gran belleza» en el teatro?

-Provoca una gran curiosidad, y la obtención del Oscar la ha multiplicado. Yo hago teatro desde hace treinta y cinco años, pero solo he hecho veinte películas. He construido una relación con un público que viene a verme al teatro después de descubrirme en el cine, y se da cuenta de que mi trabajo en uno y otro medio no es en el fondo tan diferente. En ninguno de los dos actúo de manera mercenaria.

-¿Hay autores que sean capaces de recoger la herencia de los grandes clásicos?

-Tengo poca relación con la dramaturgia contemporánea, por una cuestión de gusto personal; no tiene ninguna intención polémica. Sin embargo, todavía estamos esperando que lleguen autores que, como Harold Pinter o Thomas Bernhard, sepan contar lo que estamos viviendo para las generaciones futuras.