«Locos por el té»: ¡Qué desastre de compañía!
José Luis Santos, María Luisa Merlo y Juan Antonio Lumbreras - jAVIER NAVAL

«Locos por el té»: ¡Qué desastre de compañía!

María Luisa Merlo protagoniza esta comedia francesa, bajo la dirección de Quino Falero

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Caos. Esa es la palabra que mejor define la atmósfera de «Locos por el té», una comedia escrita por Danielle Navarro-Haudecoeur y Patrick Haudecoeur, con versión española de Julián Quintanilla y dirección de Quino Falero. María Luisa Merlo encabeza un reparto que incluye a Juan Antonio Lumbreras, José Luis Santos, Esperanza Elipe, Óscar de la Fuente, Ángel Burgos y Rocío Calvo. «Locos por el té» («Thé à la menthe où t’es citron?») se estrenó en París hace más de dos décadas, aunque fue su reposición en la capital francesa en 2011 (estuvo en cartel hasta mediados del pasado año) la que consiguió el premio Molière (el máximo galardón del teatro francés) a la mejor comedia. «Locos por el té» es una divertidísima obra -dice Quino Falero- que nos permite reírnos de esas situaciones en las que todo se vuelve en contra, donde nada de lo que sucede cumple las expectativas exitosas de los personajes sino todo lo contrario. Esto que puede parecer trágico, nos hace desternillarnos, porque la perspectiva del humor consigue que encontremos en la torpeza ajena un motivo para la carcajada. De ese modo, resulta absolutamente tronchante observar cómo los personajes tratan de sobrevivir a situaciones caóticas lo más dignamente posible».

Vodevil

La obra cuenta la peripecia de una compañía de teatro, liderada por Sofía (María Luisa Merlo), primerísima actriz -«ella nunca debería estar en una compañía así», explica la intérprete-, que prepara un vodevil de época bajo la dirección de Claire (Esperanza Elipe), una directora británica. Allí llega Juan (Juan Antonio Lumbreras), sin ninguna experiencia como actor -tampoco talento- que convierte los ensayos en una disparatada experiencia.

«Es humor del caro -señala María Luisa Merlo, que tenía muchas ganas de embarcarse en un proyecto en el que pudiera reír y hacer reír-; un juguete cómico muy inteligente y un regalo para cualquier actriz». Para definir a su personaje, Juan Antonio Lumbreras es contundentemente parco: «No me gustaría nada encontrarme a un actor como el que interpreto». Y es que la torpeza de este circunstancial actor provocará delirantes situaciones que no consiguen, sin embargo, mermar el optimismo de la directora aunque sí aumentan su estado de nervios. «Es como una película de los hermanos Marx», concluye Ángel Burgos. Y añade el director: «cuando parece que nada puede ir peor, ocurre un descalabro mayor que multiplica el anterior. Lo verdaderamente brillante de esta comedia es que los personajes, a su pesar, consiguen convertir las situaciones más desastrosas en una acrobacia virtuosa e irrepetible».

Julián Quintanilla ha tamizado el humor francés para, según Falero, «darle un carácter distinto. En el original, por ejemplo, la directora es belga. La versión se ha trasladado muy bien al humor español».

Torpeza humana

Y concluye el director: «Como espectadores nos situamos en ese lugar desde donde se observa, con humor, cómo se equivocan los demás, reconociéndonos en el deseo de los personajes de salvarse del fracaso y, sobre todo, disfrutando de unos maravillosos actores que al representar los defectos de la torpeza humana nos regalan la virtud de su talento». Y María Luisa Merlo pone la coda: «Esperamos que los espectadores se mueran de risa».