Mario Gas: «Hoy más que nunca es necesario el teatro público»
El director teatral y actor Mario Gas - IGNACIO GIL

Mario Gas: «Hoy más que nunca es necesario el teatro público»

Su versión del musical «Follies» arrasó en los Premios Max con seis estatuillas

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Mario Gas llega a su «oficina», un café vecino a su casa, en la plaza de Santa Ana −«desde el balcón veo todos los días el Teatro Español»− con expresión satisfecha en su rostro. No es distinta de la que suele exhibir a diario, pero ahora tiene motivos para ello. Seis motivos, concretamente. Los premios Max que se llevó el pasado lunes. «Me produce una gran satisfacción por lo que significa. Se premia desde la profesión a un espectáculo muy colectivo, con mucha gente. “Follies” significó el punto final a una etapa en la que formamos un gran equipo».

−Ha pasado un año desde su salida del Español. ¿No cree que hubo mucho ruido en torno a ella?

−Se creó mucho ruido cuando entré, se creó mucho ruido a lo largo de mis ocho años, y se creó mucho ruido al salir. Incluso creo que al principio se intentó hacer una maniobra de desprestigio absurda, y que con algunas personas, no conmigo, se actuó con una especie de dureza extraña que no venía a cuento. Pero no es algo que a mí me ocupe. Pienso en los ocho años en que estuve allí, en el equipo que hemos creado, en lo que hemos hecho, en los momentos buenos, en los aciertos, en los errores. Y encuentro un balance muy positivo. Se acabó, y a otra cosa. Tal vez echo de menos personalmente que no se hiciera con la elegancia que requería la ocasión. Pero eso debe de ser norma común en nuestro país.

−En alguna ocasión se le acusó de derroche.

−Eso es absolutamente incierto. El Español no era, ni de lejos, el teatro público con mayor presupuesto de Madrid. Pero ningún año nos pasamos de presupuesto, y ahí están los libros. Mi preocupación en el Español fue siempre abrir el teatro a la ciudadanía, consolidar un equipo interior. Y creo que ahí hicimos una labor fantástica, de la que estoy muy satisfecho. Las compañías que venían se maravillaban de la fiabilidad, la competencia y la predisposición de los equipos técnicos de ese teatro.

−También se dijo que «Follies» era un espectáculo excesivo para los tiempos que corren.

−Si entendemos que «Follies» es un espectáculo con cuarenta personas en escena y veinte músicos, en sí mismo, no es comparable a uno de cuatro u ocho actores. Pero se aprovechó el gran material de escenografía, iluminación, etcétera, que sigue en el teatro, y se ensayó muy coherentemente en un tiempo mínimo. Se recaudó un millón de euros, pero no hubo despilfarro. Ahí están los libros. Y poniendo en la balanza la obligación de un teatro público de hacer un teatro con calidad, dar trabajo a mucha gente y buscar espectáculos que tengan algo que explicar, «Follies» es irreprochable. Rechazo de plano que fuéramos manirrotos. El Español no ganó dinero, pero la función de un teatro público no es ganar dinero, es lograr una rentabilidad social, y eso creo que lo conseguimos. Estoy muy satisfecho de estos ocho años, y no tengo la sensación de haber salido de algo que me pertenecía, sino de haber servido durante unos años a algo que tiene mucha responsabilidad, y me he sentido muy responsable.

−En estos tiempos, ¿el teatro público sigue siendo necesario?

−Más que nunca. Lo que no es ni mínimamente necesario es un teatro público dirigido. Pero es difícil que los partidos políticos en este país no lo quieran dirigir. El teatro privado ha de existir, yo no estoy en contra como algunos piensan, pero tiene unas leyes que son las del comercio. Y hay algunos que hacen muy buen teatro, y otros de muy baja estofa. No todo es blanco o negro, hay toda una gama de teatro público, privado, de compañías estables, adscritas a una institución… La Administración tiene la obligación de crear la estructura para que haya un teatro de titularidad pública libre e independiente, no un teatro teledirigido. Pero no soy muy optimista: hay afrentas tremendas cuando alguien se opone a un Gobierno, se sale con la cosa fácil de que son los de la zeja o los de tal partido. En la esencia de esta profesión, que es ideológica, política y artística, pero no partidista, está oponerse a las aberraciones que a veces cometen las administraciones. Como, en este momento, con esa medida arbitraria, rencorosa e inútil del 21 por ciento del IVA que, además, ha fastidiado a todos los sectores.

−Usted ha dirigido un teatro municipal con un Ayuntamiento gobernado por el PP.

−Y me sentí muy libre. Es verdad que hubo problemas, pero a mí me llegaron siempre a posteriori. A mí no se me dijo nunca que no hiciera algo. Y si no hubiera sido así, no hubiera estado allí.

−En la gala de los Max se repitió como un estribillo la frase «Sí se puede». ¿Usted también lo piensa?

−Hay que intentarlo. Estamos en una sociedad amedrentada y en cierto modo acomodada y dirigida. Pero el teatro debe seguir adelante. Hay que meter en cintura a los que no saben de nada y quieren humillar de algún modo a una profesión. Hay que buscar soluciones con gente que sepa de esto. En esta sociedad hay que empezar de cero, se ha construido un castillo de naipes que favorece solo al gran capital; eso no significa ir en contra de una ideología o de otra, sino que tenemos que ponernos a trabajar de una manera seria y con los ciudadanos para que recuperemos la confianza.

−¿Cree que el teatro español está ahora conectando con el público?

−Existen muchos públicos, no podemos hablar de uno solo. El teatro está conectando con varios; ha habido un descenso de asistencia, pero por motivos económicos. En los últimos años se ha revitalizado la comunicación en pequeñas salas, en los espacios públicos, en un teatro comercial de calidad… Hay una fiebre creativa en Madrid, y muchas ganas por parte del público. No es un mal momento. Pero no podemos dormirnos en los laureles. Como dijo el presidente de la Fundación Autor, Antonio Onetti, no hay que lamentarse, sino protestar con nuestra propia actividad.