Una escena de «Feelgood»
Una escena de «Feelgood» - ABC
teatro

«Feelgood»: seis actores en busca de compañía

Fran Perea y Manuela Velasco encabezan el reparto de la obra del escocés Alistair Beaton

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En 2010, sobre las tablas del Español, un grupo de actores coincidieron en el montaje de «Todos eran mis hijos», de Arthur Miller, bajo la dirección de Claudio Tolcachir. A lo largo de las funciones, y posteriormente en la larga gira, se fue gestando una idea que ahora nace, precisamente al amparo de otro de los espacios gestionados por el Español: el Matadero. Iniciativa y compromiso son los dos lemas de Entramados (así se llama el proyecto). «Sabemos que corren tiempos difíciles, distintos, pero no por ello hay que dejar de luchar por seguir haciendo aquello a lo que creemos que podemos sumar nuestro conocimiento, nuestra experiencia y nuestro amor y respeto».

La búsqueda de un texto con el que comenzar la andadura les hizo tropezar con «Feelgood», una obra escrita por el autor escocés Alistair Beaton en 2001 y que tuvo un enorme éxito en su estreno en Londres, donde ganó el premio Evening Standard a la mejor comedia. La obra, una sátira política, cuenta las horas previas a la intervención del presidente del Gobierno ante el Congreso de su partido. La situación está rodeada de acusaciones de censura a la libertad de expresión por parte de miembros del partido y por protestas ciudadanas en las puertas del local donde se celebra el Congreso. La trama toma un giro inesperado al descubrirse cierto secreto que afecta al propio presidente, y toman protagonismo el secretario de Prensa; su exmujer, periodista, y uno de los redactores de los discursos del político.

Obra escurridiza

Bajo la dirección de Alberto Castrillo-Ferrer y Amanda Recacha como ayudante de dirección (ambos presentes en el montaje de Miller) se han reunido Fran Perea, Manuela Velasco, Jorge Bosch y Ainhoa Santamaría, a los que se han sumado Javier Márquez y Jorge Usón. «Feelgood», dice el director, «es una maravillosa obra escurridiza que no se deja catalogar fácilmente y que destila grandes dosis de humor y teatralidad, mientras cabalga sobre una temática compleja y comprometida. En “Feelgood” no hay conflicto generacional, no hay problemas familiares, no hay cotidianeidad, pero reconocemos perfectamente las situaciones y los personajes, porque “Feelgood” apela a una realidad más cruda y más profunda del ser humano: la relación del hombre y el poder».

«De algún modo –ha dicho su autor a propósito de la obra–, “Feelgood” explora hasta dónde se puede llevar una invención. Los asesores de la obra tejen la red de su engaño, pero descubren que no todo se puede resolver con una presentación, y entonces empiezan a contemplarse otras alternativas».

Castrillo-Ferrer añade: «Si nos dejamos llevar por el lenguaje y por el dinamismo, casi podríamos decir que nos encontramos ante una comedia de puertas, momentos hilarantes, réplicas eficaces y demoledoras, que permiten al espectador viajar ligero a través de la obra. Pero Alistair Beaton no olvida que el objetivo del buen teatro es provocar la reflexión, y es un maestro aprovechando el humor para situar en el público unas cuantas cargas de profundidad».