Sánchez Mejías y el llanto de Lorca
El periodista Juan Ferragut acompañó al torero de la Generación del 27 en su última noche de agonía y muerte
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Barcelona
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Iniciar sesiónPrimeros días de agosto de 1934. Novillada dominical en Madrid. Ignacio Sánchez Mejías ha vuelto a los ruedos a sus cuarenta y tres años. No le hace falta ganar más dinero, pero sí convencerse que aún puede mejorar en el arte del toreo. Al ... saber que la Unión de Ganaderos de Andalucía ha vetado a Juan Belmonte, les comunica que no lidiará sus toros si se mantiene el veto a quien considera su compañero. Sánchez Mejías es un mecenas de la generación del 27, una bellísima persona. Su gesto con Belmonte provoca los elogios de Juan Ferragut: «Para que aprendan los que por tradición son señores: los señores ganaderos», escribe con ironía en su crónica del semanario Mundo Gráfico. Juan Ferragut es el pseudónimo de Julián Fernández Piñero, autor en 1922 de unas 'Memorias del legionario Juan Ferragut'. El periodista que escribirá la crónica de la muerte de Sánchez Mejías, un texto que, seguramente, inspiró a García Lorca.
«Parece que empiezo a estorbar y quieren acabar conmigo. A Manzanares no voy a gusto. No toreo con mi cuadrilla sino con la de Ortega»
Sánchez Mejías
En su corrida de Santander, el señor de Pino Montano, como también se conoce a Sánchez Mejías, lancea al primer toro y sale de la plaza con dos orejas y dos rabos. La andadura estival comienza bien, pero un imprevisto tuerce la agenda. El 11 de agosto Ferragut deberá cubrir una inesperada corrida de Sánchez Mejías en la plaza de Manzanares. Inesperada porque el torero ha tenido que sustituir a Domingo Ortega, el cabeza de cartel, herido en un accidente de automóvil. Sánchez Mejías viene de torear en Huesca, corrida dura y viaje pesado. Sus cuarenta y tres años no perdonan: «Parece que empiezo a estorbar y quieren acabar conmigo. A Manzanares no voy a gusto. No toreo con mi cuadrilla sino con la de Ortega», comenta con amargura a Ferragut. Ni siquiera la cuadrilla de Ortega. Recién llegado a la plaza manchega le dicen que tendrá que apañarse con una cuadrilla improvisada.
Un «toreo desganado»
Primer toro de la ganadería Ayala. Ferragut repara en el toreo «desganado» del diestro. Cuando llega la suerte de matar, Sánchez Mejías, como suele, se acomoda en el estribo y apoya la espalda en la barrera. El toro entra con fuerza en la muleta, los pitones rozan el pecho del torero. El susto se propaga por toda la plaza, suspiro y desasosiego por la posibilidad de una cogida. Ferragut sigue tomando notas: «Se revolvió el toro, y el matador, incorporándose apenas en el estribo, aguantó impávido la feroz acometida, vaciando de modo inverosímil a la res que, vencida, le buscaba el cuerpo…» La muerte pasa de largo, pero no se resigna a liberar su presa: «Encelado el toro, volvió sobre él, tan cerca, tan rápido, que fue imposible esquivarlo». Sánchez Mejías es volteado como un pelele goyesco entre los cuernos del morlaco.
Sangre a chorro. «¡Traed la goma!», clama el mozo de estoques para atajar la hemorragia. Ferragut se une a la comitiva que traslada al diestro a un sanatorio de Madrid. Allí le acompañará en la noche postrera. El torero está tendido boca arriba. Sus pupilas dilatadas buscan la última luz del atardecer de agosto: «El ambiente es cálido y pesado. Al olor acre de los desinfectantes se mezcla otro más fino y penetrante, como de podredumbre», constata Ferragut. Enfermeras y monjitas de la Caridad cuidan al herido que ya es un moribundo: «Hay momentos en que la boca se le queda torcida, en una mueca de infinito dolor. La pierna herida, bajo el blanco apósito, está tumefacta, renegrida. Pero el pie se va quedando blanco, como sin sangre», observa el periodista-legionario.
Torero dramaturgo
Ferragut recuerda el drama 'Sin razón' del torero de la Generación del 27: «Es como un regalo del Destino que la razón del torero esté nublada por la fiebre», anota. A las diez de la mañana, el último suspiro. ¿Por qué volvió a los ruedos?, se pregunta Ferragut en su infinita tristeza. Del Sánchez Mejías rentista y con la vida muelle al héroe de romances populares, concluye el cronista. Fue la crónica más leída aquellos días. Sin duda sus amigos poetas debieron conocerla.
En noviembre de aquel año, Federico García Lorca lee en casa de Gerardo Diego su 'Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías'. En 1935 dará el poema a la imprenta de Cruz y Raya con ilustraciones de José Caballero. El toro que lo mató se llamaba Granadino: «A lo lejos ya viene la gangrena/ a las cinco de la tarde/ Trompa de lirio por las verdes ingles/ a las cinco de la tarde/ Las heridas quemaron como soles/ a las cinco de la tarde».
«El ambiente es cálido y pesado. Al olor acre de los desinfectantes se mezcla otro más fino y penetrante, como de podredumbre»
Al leer el poema pensamos en la crónica de Ferragut del 15 de agosto en Mundo Gráfico: la imagen en portada de Sánchez Mejías. «Por las gradas sube Ignacio / con toda la muerte a cuestas». El hombre que daba la cara por sus compañeros de lidia. «Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,/ un andaluz tan claro, tan rico de aventura. Yo canto su elegancia con palabras que gimen/ y recuerdo una brisa triste por los olivos». Y el ministro Urtasun deja fuera del 27 al torero que lloró una generación de poetas.
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