Espeluznante cogida

Padilla, a sus familiares: «¿Qué tengo en el ojo?»

El torero, que continúa en la UCI, recibe la visita de su esposa, a la que le ha pedido que no cancele las corridas que tienen contratadas en América

BARQUERITO
ZARAGOZA Actualizado:

Genio y figura. Recuperado de la anestesia y de la paliza de más de seis horas en el quirófano, el diestro Juan José Padilla preguntaba a los familiares y amigos que le visitaban: «¿Qué es lo que tengo en el ojo?». De esa fuerza daba cuenta su apoderado: «Con la mascarilla puesta, por lo que hablaba algo forzado, y todavía un poco ‘atontado’ por la paliza que lleva encima, pero fuerte como es él, me ha agarrado la mano que casi me la revienta, mientras me decía que no le quite de ninguna de las corridas que tenemos hechas en América», manifestaba Diego Robles.

Un ilustre cirujano taurino, Carlos Val Carreres, titular de la plaza de La Misericordia de Zaragoza, calificó la cornada sufrida el viernes en la cara por Juan José Padilla como la «más escandalosa» que había visto en sus cuarenta años de ejercicio de la profesión.

Sedado, intubado y estabilizado en la enfermería de la propia plaza, Padilla entró en quirófano poco más de hora y media después de haber sido herido en la cabeza. El cuerno del toro entró por el cuello, por detrás de la oreja izquierda, y se fue hasta el globo ocular. La doctora Esther Saura, jefa de Cirugía Maxilofacial del hospital Miguel Servet de Zaragoza, destacó que la trayectoria del cuerno fuera de una «sorprendente» limpieza. Ese detalle revela que la cornada pudo haber sido incluso fatal.

Los médicos han optado por darse un plazo antes de hacer pronósticos del todo fiables. El arrancamiento del tronco del nervio facial traerá como consecuencia segura una parálisis facial parcial, de la mitad izquierda del rostro. La elongación excesiva del nervio óptico no invita al optimismo y, aunque los médicos prefieren esperar a pronunciarse, se tiene la impresión de que Padilla perderá la visión del ojo izquierdo.

Huesos recolocados

La doctora Victoria Simón, que operó a Padilla junto a los doctores Nadal y Cámara, destacó que todas las fracturas óseas en la zona afectada –en mandíbula, nariz, y en suelo y techo de la órbita ocular– se solucionaron y que los huesos pudieron recolocarse con estabilidad.

El impacto del pitón dejó el ojo izquierdo fuera de su cuenca y la cirugía acertó a reubicarlo propiamente. La cornada separó el tímpano de la oreja, pero también la cirugía resolvió ese problema añadido. La audición no está dañada, lo cual parece, en un trauma de tales dimensiones, una especie de milagro. El control eficiente del sangrado evitó males mayores.

En la rueda de prensa que, apenas diez horas después de la intervención dieron al mediodía de ayer, las doctoras Saura y Simón y la responsable de Medicina Intensiva en el hospital, doctora Martínez Utande, se dio a entender que fueron de especial fortuna la diligencia de los médicos de la plaza de toros y de los servicios de urgencia –el 061– y el hecho de contar en una gran ciudad como Zaragoza con un servicio especializado de cirugía maxilofacial.