luto en el mundo de la literatura

Muere a los 85 años la escritora Josefina Aldecoa

Vivió sus últimos años retirada en su casa de la localidad cántabra de Mazcuerras

GUILLERMO BALBONA / LETICIA MENA
SANTANDER Actualizado:

La escritora Josefina Aldecoa ha fallecido a las 12.30 horas en su casa de Mazcuerras (Cantabria) junto a su única hija, Susana, y su yerno Isaac Escalante. Aldecoa sufría un proceso degenerativo desde hace cinco años y desde hace varios meses permanecía en Mazcuerras apartada de la vida pública. La autora de 'Los niños de la guerra' (1983) e 'Historia de una maestra' (1990) ha muerto en "mi lugar en el mundo", que es como catalogaba a Mazcuerras, tal y como ha recordado su hija "porque allí escribió sus novelas y tiene sus cuadros". La familia celebrará un acto íntimo en Santander para despedir a la escritora y pedagoga, y tras la incineración repartirán sus cenizas en el jardín de su casa cántabra.

Nacida en la localidad leonesa de La Robla en 1926, Josefina Aldecoa alternó la literatura con su actividad docente y vivió sus últimos años retirada en su casa Mazcuerras, donde ha fallecido.

Rescatar los repliegues de la memoria

Su escritura tenía una misión esencial: «rescatar los repliegues de la memoria». Pero la lucha contra el tiempo tiene un precio. Una enfermedad degenerativa mermó sus recuerdos en los últimos años hasta su muerte esta mañana en Mazcuerras. Josefina Aldecoa, escritora y pedagoga, recorrió los entresijos mas íntimos de la literatura y la educación, combinó magisterio y dominio literario y construyó una obra cuyas narraciones y novelística profundizaron en los ámbitos de la memoria personal y generacional.

En su combate ético comprometido contra el paso del tiempo una de sus últimas victorias se plasmó en el volumen ‘En la distancia’, un libro de memorias en el que plasmaba su infancia y toda una época de la historia reciente de España. Vinculada estrechamente a Cantabria, en Mazcuerras, a medio camino entre el santuario íntimo y el refugio creativo, su «lugar en el mundo» como solía decir, nacieron y crecieron sus historias y se fraguaron la mayor parte de sus libros y pinturas. En su geografía cántabratambién maduraron las reflexiones siempre comprometidas sobre la educación y la escuela de la creradora del colegio Estilo, defensora siempre de las ideas y significado de la Institución Libre de Enseñanza.

La autora de ‘Historia de una maestra’, recibía precisamente el pasado Día Internacional de la Mujer, su última distinción: la medalla de la igualdad que entrega el Ministerio de Sanidad aunque su frágil salud le impidió recogerla personalmente. En su trayecto vital y creativo, Cantabria asoma en actos literarios y educativos, jurados, conmemoraciones y programas culturales. La Universidad Internacional Menéndez Pelayo, los Martes literarios, la Tribuna Literaria de Caja Cantabria, el premio Elena Soriano o el Día de Cantabria.

En 2001 fue elegida pregonera del Día de Cantabria y en aquella tarde de agosto, la escritoria se mostró generosa en calificativos para una tierra «atractiva no sólo por su paisaje físico y urbano, sino por sus gentes, sensibles, con un señorío natural y dotadas de un espíritu democrático innato que convierte en amistoso cualquier en-cuentro por causal que sea». La autora de 'La fuerza del destino' (1997) ensalzó los tesoros culturales de Cantabria, «tierra de poetas» y con una «riqueza del folclore asombrosa». «¿Y qué decir de la pintura?. Desde Altamira hasta, con el paso de los siglos, artistas como Casimiro Sainz, Agustín Riancho, Gutiérrez Solana...», recordó Aldecoa, que no olvidó el cine, «cultivado por directores del prestigio de Mario Camus o Gutiérrez Aragón».

Como siempre que tenía ocasión, Aldecoa proclamó que «Cantabria es mi tierra elegida»-, y sobre esta idea construyó el pregón de aquel Día de Cantabria de 2001, en el que participaron numerosas autoridades regionales, encabezadas por el entonces presidente del Gobierno cántabro, José Joaquín Martínez Sieso.

Los niños de la guerra

Casada con Ignacio Aldecoa, era uno de los rostros de esa generación de los cincuenta, los niños de la guerra, integrada por autores como Rafael Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite, Ana María Matute y Rafael Azcona,

La mujer, la sensibilidad femenina, la enseñanza, la memoria y la lectura vertebran su huella creativa. La trilogía ‘Mujeres de Negro’ y la citada ‘Historia de una maestra’, inspirada en la vida de su madre y en la obra que realizaron los maestros en los años de la República, son referentes de docentes y ámbitos educativos.