CÓMIC

Joaquín Reyes: «Mi auténtica vocacion es la de pintamonas»

El humorista irrumpe en la novela gráfica con 'Ellos mimos', una recreación de su desternillantes imitaciones de 'celebrities'

MIGUEL LORENCI
MADRID Actualizado:

Joaquín Reyes en un cómico muy serio. Lleva años logrando que nos partamos al caja de risa con sus desternillantes parodias de 'celebrities'. Lo mismo es Gadafi, que Alaska, Michael Jackson que Condolezza Rice, Madonna, Björk, Monserrat Caballé, Pérez Reverte o Sánchez Dragó. "Tengo una jeta fenomenal; he recreado a todos estos personajes sin cambiar jamás la voz ni el acento" dice muy, pero que muy serio, este histrión manchego de pura cepa (Albacete, 1974) cuya primera y verdadera vocación fue la de dibujante. "La de pintamonas es mi vocación más auténtica.

Empecé a dibujar en la escuela y no he parado. Es lo que más me gusta en el mundo", dice Reyes, ilustrador profesional además de cómico, que irrumpe con fuerza en el mundo de la novela gráfica.

Reúne en 'Ellos mismos' (Mondadori, Reservoir books) las tiras en las que recrea y amplía el centenar largo de personajes que parodió en la tele "siempre con palo y zanahoria, nunca de forma despiadada". Quien quiera darse un atracón puede complementar el libro con un paseo por Youtube.

Licenciado en Bellas Artes, diseñador de libros para jóvenes, historietista y codirector de cartun.com, Reyes es un rendido admirador Mortadelo. Disfraz obliga. "Si la caracterización es buena, tienes medio camino hecho, y cuanto más me disfrazo, mas cómodo me encuentro" reconoce este mago del absurdo y el maquillaje cuyo imaginario de se conformó también con Tintín y con Astérix. Le gustaba más "leer" las aventaras de los irreductibles galos y "mirar" las del reportero del mechón pelirrojo y los bombachos.

"Adoro la línea clara" dice el dibujante y actor precoz que emborronó cientos de libretas en el cole, que introdujo el cómic en 'La hora chanante' y 'Muchachada nui' y que se mira hoy en el trabajo de maestros estadounidenses como Robert Crumb.

Consumidor "compulsivo" de cómics y profesional de la comedia "sin planearlo; por amistad y casualidad", no está Reyes "ni mucho menos, harto de la tele", aunque en su horizonte está el cine. "A la tele primero, y a internet a Youtube luego se lo debemos todo, en especial la libertad creadora" reconoce. Por delante tiene al menos tres temporadas de 'sit com' con su colegas de 'Museo coconut' y "luego una peli que escribiremos entre todos y que dirigirá Ernesto Sevilla". "Es la única vía para llegar al cine der alguien como yo, que no me considero actor".

¿Sabemos reírnos de nosotros mismos? "En general sí. Es muy saludable no tomarnos demasiado en serio" dice este payaso profesional que elige a sus víctimas "desde la simpatía" y a quien sus atrevimientos "mas absurdos que ácidos" no le pasan factura".

"Por lo general el parodiado lo acepta con deportividad, salvo excepciones como Sánchez Dragó, a quien no le hizo ni puta gracia".

"El tópico dice que el sentido del humor es un rasgo de inteligencia, pero conozco tontacos que te mueres con ellos" asegura.

Tontaco, cascoporro, o chorrazo son palabras del universo 'chanante' y de Reyes, que con el libro rinde homenaje a la escuela de los Monthy Pyton "que incluyeron las animaciones Terry Gilliam". "Antes de 'La hora chanante' ya existía el humor manchego" dice Reyes, que cita a José Luis Cuerda. "Con 'Amanece que no es poco' hizo una Biblia del humor machego que hemos saqueado". "También está Milán, de Martes, y 13 y José Mota, de Montiel, que ha explotado el acento y la ideosincrasia de los pueblos".

Detrás de cada parodia de apenas cinco minutos hay horas y horas de trabajo de dramatización, ambientación o maquillaje. A algunos personajes les cala el perfil cómico "de inmediato", como a Borja Thyssen "que parece de ficción". A otros hay que currárselo". "Al principio era más atrevido era muy de aprovecharlo todo, como el cerdo y sus andares. Pero la experiencia te hace más exigente. Las tres o cuatro ideas que he tenido la he explotado a fondo" reconoce Reyes que tiene en la las manos un "novela suprarrealista" de Ramón Gómez de la Serna.