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Lleida acoge el montaje 'Alba', del coreógrafo Aimar Pérez Galí
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Lleida
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Iniciar sesiónAunque no siempre lo percibamos, el movimiento de nuestro cuerpo tiene un lenguaje: el del dolor, el de la alegría, el del placer... Cuando está pautado en una coreografía, el código comunicativo intensifica el diálogo entre nuestros miembros y la mirada de los demás, del ... mismo modo que la esencia del sonido se destila en la música y la de las palabras en la literatura. De esta base parte Aimar Pérez Galí para recrear formas y géneros poéticos y musicales en su espectáculo 'Alba', que acumula ya una considerable trayectoria desde que se estrenara en el Mercat de les Flors en febrero de 2024. Sonetos, palíndromos, sextinas, fugas y follias suben a escena traducidos en movimientos de los bailarines.
Danza
'Alba'
- Música: A. Pérez Galí, H. Vilamala.
- Intérpretes: A. Pardo, I. Zapata, N. Crespo, T. Libertad, V. Pérez Armero, bailarines. H. Vilamala, piano. A. Pérez Galí, dirección.
- Fecha: 7 de noviembre.
- Lugar: La Llotja, Lleida.
Investigando sobre la relación entre la escritura y el lenguaje coreográfico, Pérez Galí se inspira en la sintaxis y la composición literaria y poética. Así, la métrica marca el ritmo de los pasos tanto como la música, y la estructura de las rimas se convierte en la repetición de determinados gestos: ABBA ABBA CDC DCD, etc. Lo mismo se aplica, por ejemplo a la estructura a cuatro voces propia de una fuga de Bach. El coreógrafo ha plasmado toda esa teoría en algo tan prosaico como una hoja de cálculo de Excel, como paso previo a convertirlo en el gesto estilizado de su equipo de bailarines. El resultado es un espectáculo profundamente poético y reflexivo, íntimo.
Minimal en su apariencia, pero generoso en emociones, 'Alba' es una oda a la libertad expresiva y el trabajo conjunto en la danza. Lejos de las coreografías milimetradas en las que todos los bailarines evolucionan a las órdenes del director —llamémosle directamente líder o sargento—, aquí cada artista tiene espacio para hacer su aportación. La escenografía es tremendamente sencilla pero efectiva: suelo blanco con triángulo amarillo que van moviendo de un lado al otro. En un rincón, el piano que toca Hug Vilamala, autor de las músicas junto con el propio Pérez Galí. En unas ocasiones, se le añade un bailarín y tocan a cuatro manos; en otras, es él quien se une a la compañía, de manera que todo va fluyendo con naturalidad absoluta. Enmarcados entre un preludio y un epílogo en forma de palíndromo inspirado en el compositor minimalista Tom Johnson, la compañía va tejiendo una serie de escenas inspiradas cada una en métricas, sonidos o formas diferentes. En el caso de la fuga, las filigranas musicales a la manera de Bach inspiran una coreografía compleja y delicada al mismo tiempo, talmente como las obras del genio de Eisenach, que requieren las mismas dosis de disciplina que de creatividad. La sextina 'Mai', sobre un poema de Maria Mercé Marçal, es el colmo de la sencillez y la belleza al mismo tiempo. Cada pequeña parte del montaje merecería un comentario al detalle.
'Alba' es, pues, un texto en movimiento que nos invita, más que a pensar, a mirarnos y dejarnos llevar, casi hipnotizados, por la evolución de los bailarines sobre el escenario. Como defendió Susan Sontag, a veces —casi siempre, de hecho— vale la pena dejar de interpretar y buscar sentidos en cada paso, en cada verso. Es suficiente con disfrutar de lo que vemos, y luego ya llegará el pensamiento, cuando el corazón ya haya vibrado con el arte en cualquiera de sus formas. A esto es lo que nos lleva el montaje de Pérez Galí, que en los días previos había representado su solo-conferencia 'Sudando el discurso: una crítica encuerpada' en el Museo Morera de arte contemporáneo de Lleida, un equipamiento que se ha convertido en el buque insignia de la apuesta de la ciudad por la cultura en los últimos años y que alberga una interesantísima colección permanente.
Reivindicar la danza en nuestro país ha llegado a tener algo de quijotesco, habida cuenta de lo abandonada que tenemos esta disciplina. Esto añade un mérito intrínseco a cualquier montaje de cualquier compañía que, a pesar de los pesares, es capaz de sostenerse con toda su fragilidad, y llevar al escenario montajes del nivel de 'Alba'. Ojalá algún día veamos cómo la danza ocupa en nuestras programaciones, en nuestros medios de comunicación, y en los presupuestos de las administraciones públicas, el lugar que merece.
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