Lágrimas de Mahler sobre Madrid
EFE

Lágrimas de Mahler sobre Madrid

El West-Eastern Divan y Barenboim volvieron anoche a emocionar a más de 3.500 personas en la Plaza Mayor

MADRID Actualizado:

Ni el viento ni la lluvia intermitente que cayó ayer sobre la Plaza Mayor pudieron arruinar el concierto que ofreció el West-Easter Divan, bajo la batuta de Daniel Barenboim. Un año más, y ya van seis, la orquesta formada por músicos israelíes y árabes, a los que se suman 22 españoles, acudieron puntuales a su cita con el público madrileño. En el atril, dos grandes compositores, Mahler, del que este año se celebra el centenario de su muerte, y Beethoven, que se ha convertido en santo y seña de su mensaje, un mensaje que defiende la paz, el entendimiento entre los pueblos y la libertad.

Aunque el concierto no comenzaba hasta las diez de la noche, a las ocho y media ya estaba la plaza llena. Abarrotada de un público que acudió a la cita provisto de abanicos y bocadillos, pero también con muchas ganas de escuchar música. Hasta el punto que no se quiso perder ni siquiera la prueba acústica. «¡Silencio, por favor!», bramaba Barenboim. «Si quieren tener luego un buen concierto, ahora es necesario guardar silencio», repetía.

El maestro argentino-israelí, que también ostenta la nacionalidad española, volvía a la que ya casi es su casa, con la familiaridad que da la «regularidad», brindando «un mayor sentimiento de comunidad, entre los músicos y el público», confesaba pocos minutos antes de comenzar el concierto, en un breve encuentro con la prensa. Pocos minutos, y varias preguntas. Una sobre su futuro en Andalucía ante la llega del PP al poder: «España es un país donde hay demasiada política en la música», se lamentaba; sobre los sucesos en Oslo: «Vivimos un momento histórico muy especial. Con cosas buenas como la “primavera árabe”, pero también lo sucedido en Fukushima, y la matanza de realizada por alguien no por fanatismo si no por el mero hecho de asesinar. Es un momento de repensar lo que hacemos», reflexionó.

El Adagio de la «Décima sinfonía» de Mahler dio comienzo a la velada. Compuesto poco antes de su muerte, con la salud ya muy deteriorada y con el corazón dolorido ante los amoríos de su esposa Alma con Walter Gropious, en ella vertió su dolor, que Andrés Ruiz Tarazona refleja muy bien en sus notas al programa: «Es un cofre de melancolía del que emergen destellos cual gritos en la noche oscura del alma». Así nos lo hizo sentir anoche Barenboim, y como si fuera una conspiración de la naturaleza, la lluvía volvió a brotar, como si fueran lágrimas, en las últimas notas de la conmovedora partitura.

La emoción de Mahler dio paso a la contundencia de Beethoven y su «Quinta sinfonía», una de las obras más populares del compositor y del repertorio clásico. Beethoven se ha convertido en el gran compañero de viaje del Divan que durante esta gira, que les llevará a China, Corea, Salzburgo, Lucerna y Colonia, interpretarán todas sus sinfonías, que dejarán registradas, en directo, en un disco que saldrá a la venta la próxima primavera.

El público premió a los músicos con bravos y aplausos a la espera de algo más. Y llegó el Adagietto de la «Quinta sinfonía» de Mahler, inmortalizado en la película «Muerte en Venecia» de Visconti, y las lágrimas volvieron a brotar aunque esta vez no se vieron...