Plácido Domingo, durante un ensayo de «Ifigenia en Táuride», en el Teatro Real - JAVIER DEL REAL

Comienza el maratón Domingo

Mañana se estrena en el Teatro Real «Ifigenia en Táuride», de Gluck, primera cita con el tenor, que celebra sus 70 años

SUSANA GAVIÑA
MADRID Actualizado:

Los admiradores de Plácido Domingo están de enhorabuena. El tenor madrileño ha desembarcado en Madrid para quedarse hasta finales de enero, un mes que promete ser intenso y emotivo. Intenso por la cantidad de actos que va a protagonizar —directa o indirectamente— y emotivo porque el próximo 21 el Real festejará los 70 años del tenor con un concierto homenaje, que promete muchas sorpresas. Pero también será emotivo por la ópera que protagonizará en el teatro madrileño a partir de mañana «Ifigenia en Táuride», un «regalo» para el público, según el tenor, que siempre tuvo en mente interpretar la obra de Gluck (canta el papel de Orestes, compuesto originalmente para barítono). Sin embargo, no se decidió hasta que «hace tres años me animó James Levine para abordarlo en el Met, y encontré los compañeros de reparto adecuados, Susan Graham y Paul Groves».

Estrenada en 1779 en París, con libreto de Nicolas-François Guillar, basado en los textos homónimos de Claude Guymond de La Touche y Eurípides, la ópera nos presenta una tragedia humana, la de Ifigenia, que se salva de la muerte impuesta por su padre, Agamenón, gracias a la diosa Diana. Sin embargo, esto desencadenará la venganza de Clitemnestra, que matará a su esposo como castigo por la muerte de su hija, y el hermano de ésta, Orestes, hará lo propio con su madre para vengar a su progenitor. «Esta obra ha sido un descubrimiento maravilloso. Orestes es un personaje noble pero atormentado, que sufre mucho dentro de una familia poco recomendable», explicó ayer Domingo para quien Gluck «podría ser un compositor de nuestros días».

El tenor madrileño compartirá escenario de nuevo con la mezzo norteamericana Susan Graham, que debuta como Ifigenia en el Real. «Cantar tan cerca de Plácido es como estar en un tornado, es una fuerza de la naturaleza», bromeó. También debuta en el foso del Real el director musical, Thomas Hengelbrock, que comieza con este título una larga relación con el teatro madrileño. El director alemán se refirió a la dificultad de transportar a una orquesta de instrumentos modernos, los colores originales de la partitura de Gluck.

Más veterano es Robert Carsen, director del montaje, quien se presenta por cuarta vez en Madrid —«Diálogo de Carmelitas», «Katia Kabanova», «Salomé»—, y de nuevo lo hace mostrando su lado más minimalista. Tras definir la ópera como «una síntesis de todas las artes», destacó que el hilo conductor de la obra de Gluck son las emociones humanas. «Sus personajes logran limpiar su alma a través de la tragedia del dolor».

Primera colaboración

«Ifigenia en Táuride» supone además la primera colaboración entre el tenor y Gerard Mortier en más de cuatro décadas, pues sus caminos y filosofías han sido siempre divergentes. El director artístico del Real puntualizó que la ópera de Gluck no era «una ópera de estrellas sino de un gran conjunto» y alabó la colaboración y el trabajo de Domingo. Éste, por su parte, le dedicó palabras de acogida: «Gerard te doy la bienvenida a Madrid, cuyo público se merece lo mejor. Ten eso siempre en mente».

A las puertas de su 70 cumpleaños, y preguntado sobre qué regalo le gustaría recibir, el tenor no se lo pensó: «Si alguien me dice que voy a poder cantar 3 o 4 añitos más, firmo enseguida», bromeó.