Aída Gómez - ABC

Carmen, un mito imperecedero

Aída Gómez cierra la primera semana del Flamenco Festival de Londres con su visión de la historia de la cigarrera

LONDRES Actualizado:

El título «Carmen» mezclado con la palabra flamenco es una fórmula infalible para llenar teatros. Por eso no es extraño que la compañía de Aída Gómez haya colgado el cartel de No hay billetes en las cinco funciones que ha ofrecido este fin de semana en el Sadler's Wells, uno de los templos de la danza londinense. Y es que no hay un personaje que esté más asociado al flamenco en el subconsciente colectivo que la cigarrera sevillana. Es curioso pensar que «Carmen» no entró en el mundo de la danza española hasta hace veinticinco años, cuando Antonio Gades creó su inolvidable versión. El caso es que «Carmen» concentra todos los tópicos asociados a lo español y a su baile. Y que la historia de pasiones, amores, libertades y fidelidades que contó Prosper Merimée e hizo universal Georges Bizet -situada, además, en esa luminosa y calurosa Sevilla de toros y bandoleros- posee ingredientes más que suficientes para convertirse en un vehículo perfecto para un espectáculo flamenco. Y el público de los cinco continentes lo sabe.

La «Carmen» de Aída Gómez, que ha paseado por todo el mundo desde su creación, hace aproximadamente un lustro, es una «Carmen» sin mayores pretensiones, un espectáculo que llega directo y natural al público, en el que por vez primera no ha pasado por la mirada de un hombre. Aída ya había interpretado a este personaje durante su etapa al frente del Ballet Nacional, en una coreografía firmada por José Antonio. Ahora es ella quien ha puesto en pie el espectáculo con su propia coreografía. Y en su encarnación de la cigarrera está el perfume de las cármenes que ha visto, de los maestros que le han enseñado, de los trabajos que le han emocionado (la escena del destino y las cartas recuerda indefectiblemente a la «Medea» de Granero, Sanlúcar y Narros)... Aída plantea una «Carmen» moderna pero sin «originalidades» innecesarias, con frescura y naturalidad, a la que sólo habría que reprochar cierta discontinuidad en la narración y morosidad en los momentos de intimidad. Ella es, no hay que descubrirlo ahora, una bailarina extraordinaria, llena de calidad y recursos, y una mujer muy atractiva. Se rodea de dos excelentes solistas masculinos, Christian Lozano, elegante y expresivo, y Eduardo Guerrero, impecable musicalmente y lleno de arrojo.

«Carmen» ha puesto fin a la primera semana del Flamenco Festival que dirige Miguel Marín, y cuyos primeros compases han estado dominados por la emoción de la reaparición de Estrella Morente y el éxito de Israel Galván -las críticas de la prensa londinense han sido magníficas- y Miguel Poveda. La semana próxima es el turno de otras dos mujeres bailaoras -Eva Yerbabuena y Rocío Molina- y la guitarra de Tomatito.