¿Y si Spotify monta un sello?

La plataforma sueca podría seguir el modelo de producción propia de Netflix, y asi reducir su dependencia de las grandes discográficas

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En los años 20, la aparición de la radio hizo que las ventas de discos bajaran de forma dramática en Estados Unidos. ¿Para qué comprar música si se podía escuchar gratis con el nuevo invento? Las emisoras pronto necesitaron más y más material para sus oyentes, y la respuesta de las compañías discográficas fue enviar a sus cazatalentos a recorrer el país con grabadoras portátiles (también recién inventadas) para encontrar nuevos artistas que engrosaran su catálogo y así poder abrir y ensanchar una nueva vía de ingresos: los derechos de explotación radiofónicos. Ochenta años después, la llegada del streaming creó un escenario muy similar. Pero en lugar de echarse a la calle, los A&R de los sellos solo tuvieron que encender el ordenador, localizar a los grupos que arrasaban en MySpace o YouTube y ficharlos (los Arctic Monkeys y Justin Bieber serían dos ejemplos paradigmáticos).

El siguiente paso fue negociar los acuerdos de explotación con la nueva «radio» que nació en 2008, Spotify, y comprar parte de la misma para mantener cierto control sobre ella (en la actualidad, el 16% de Spotify está en manos de las grandes discográficas). Al poseer el 80% de la música grabada, Sony, Warner, EMI (compañía ahora desaparecida y troceada en varias partes) y Universal pudieron imponer unas condiciones muy beneficiosas, obligando a Spotify a cederles más del 85% por ciento de los ingresos generados por cada reproducción de una canción de sus catálogos. De ahí que la plataforma sueca no consiga salir de los números rojos a pesar de su éxito: gana mucho dinero, pero tiene que entregárselo a otros.

Pero, ¿y si Spotify fundara su propio sello, para así crear sus propios contenidos como hace Netflix? Eso reduciría su dependencia de las grandes discográficas, y sin duda atraería a muchísimos artistas ya que ellos serían los principales beneficiados al eliminar intermediarios que se quedan con parte de su pastel.

Siempre se ha dicho que la plataforma sueca paga muy poco a los músicos. Pero la realidad es que la frase «lo que los artistas cobran de Spotify» es falaz. Sería más bien «lo que los artistas cobran de Spotify después de la tajada que se lleva su sello, su editorial y sus agregadores (los distribuidores de música digital que disponen de herramientas para procesar los archivos musicales y colocarlos en las plataformas de streaming)». Pero, ¿y si el artista y la «emisora» online trabajaran juntos?

Spotify, que esta semana cumple diez años, ya da señales de estar abriendo un proceso de independencia de las discográficas: a través de Spotify Singles está grabando temas inéditos en exclusiva, y ya van más de 400 sencillos de 200 artistas que, en conjunto, han acumulado más de mil millones de streams. Pero esto es solo un pequeño comienzo.

Spotify no quiere cabrear a las grandes discográficas, aún. Por eso su filial española no ha querido contestar ni una sola de las preguntas de este periódico. Este mismo año, el capo de Spotify, Daniel Ek, prometió a los consejeros delegados de las grandes discográficas que la plataforma no tendrá sus propios copyright ni sus propios artistas, pero lo cierto es que ya se están negociando derechos musicales directamente con algunos músicos.

Por ahora no «ficha» artistas, sólo obtiene la autorización de algunos autores que controlan los derechos de su obra, normalmente artistas independientes que no tienen contratos de exclusividad.

Pero según la gran mayoría de expertos, el plan es ofrecer cada vez más la posibilidad de licencias directas a los músicos, que de este modo dejarían de perder parte de lo que les corresponde por culpa de los intermediarios, mientras que Spotify dejaría de pagar el "impuesto disográfico". Si se producen más acuerdos entre artistas y Spotify, las discográficas seguirían poseyendo los derechos de toda la música grabada hasta la actualidad, pero podrían quedar obsoletas en el campo de la generación de novedades en muy poco tiempo.

Los músicos solían querer pertenecer a una discográfica por dos razones: ésta les fabricaba los discos, los distribuía y les daba publicidad. El primer paso ya no hace falta, los otros dos los puede hacer Spotify fácilmente. Y además quién sabe, en el futuro quizá veamos discos en vinilo editados por una compañía de streaming.

Algunos dicen que es una quimera que Spotify cree sus propios contenidos al margen de las grandes discográficas, o que al menos tardará décadas en suponer una amenaza como competidor. Pero como decíamos más arriba, la producción propia de Netflix está consiguiendo reducir su dependencia de los grandes estudios de cine y televisión de una manera tan ágil y rápida que ha sorprendido a toda la industria. Su director financiero desde 1999 hasta 2010, Barry McCarthy, fue uno de los cerebros que ideó y desarrolló el proceso de independencia. Desde 2015 trabaja en Spotify, quién sabe si con la mismo hoja de ruta.